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¿Necesita el hombre la religión?

Concepto de religión

El término “religión” puede venir de re-ligare, volver a unir lo que se había separado. El hombre se separó del Creador.

En esta separación el hombre se da cuenta de que tanto él como el mundo en que vive son realidades limitadas, contingentes, incapaces de encontrar en sí mismas el origen y sentido de su existencia.

Ante esta experiencia, el hombre se pregunta por su identidad personal. ¿Quién soy yo? y no encuentra respuesta satisfactoria.

 

Esta limitación e indigencia origina en el hombre una serie de inquietudes o deseos: el de conocer el origen y la causa de su existencia - ¿de dónde vengo?, ¿por qué existo?-; el buscar una explicación a las circunstancias de la vida: el dolor, el amor, la enfermedad y por último, el conocer el sentido último de su vida: ¿qué hago en el mundo?, ¿a dónde voy?, ¿seguiré existiendo después de la muerte?    

Estas limitaciones llevan al hombre a darse cuenta de que depende de Alguien que le ha dado el ser, de Alguien que influye en las circunstancias de su existencia, ese Alguien los pensadores denominan Ser Absoluto.

El hombre en su reflexión racional reconoce que ese Ser Absoluto es distinto del hombre y del mundo y que en Él está el principio y fin del hombre y de todas las cosas existentes.

De esta reflexión brota el impulso de conocerle, adorarle y pedirle lo que los hombres no son capaces de conseguir.

Este impulso promueve el deseo de establecer una relación vital, mediante actos internos y externos, con el Ser Absoluto al que los hombres llaman la divinidad.

No basta con que el hombre reconozca la divinidad, sino que es necesario que el hombre lo exprese  de modo “real” en las diversas facetas de su vida personal y social, de acuerdo con los “contenidos” de la religión:

Creencias, normas morales, ritos y unión con sus correligionarios.

En todas las religiones encontramos estos contenidos.

Explicación del origen y fundamento de la religión

La Historia testifica que desde siempre se ha dado en los pueblos el “deseo” natural de Dios, una experiencia profunda del trato con la divinidad.

En el hombre surge espontáneamente un afán de verdad y de bien, de felicidad, de eternidad y de encontrar sentido a las cosas.

El origen y el fundamento del hecho religioso hay que ponerlo en la racionalidad humana.

El pensamiento filosófico expresa de diversas maneras lo siguiente:

La religiosidad es una dimensión propia del hombre.

El hombre por su propia naturaleza es un ser religioso.

La religiosidad es un elemento que pertenece a la misma estructura de la persona humana.

La trascendencia, es la dimensión esencial que, da sentido a la vida de los hombres.

Tipos de religiones

Entre los diversos tipos de religiones hay que diferenciar las no reveladas de las reveladas.

Distintas religiones son:

Politeístas, con numerosos dioses;

Dualistas, el dios supremo (principio del bien), el demiurgo (principio del mal).

Monismo panteísta, lo divino es un “todo único”, una religiosidad “mística” que lleva al abandono. Su expresión Hinduismo oriental.

Budismo, es la religiosidad del silencio, supresión de las aspiraciones humanas para llegar al “nirvana”, realidad última en la que no existe el dolor.

Monoteísmo, creencia en un ser único, absoluto, eterno, todopoderoso, origen y fin de todo lo que existe. Revelación de Dios a los hombres en el pueblo de Israel, es el Judaísmo.

Religiones tradicionales, el Dios de estas religiones tiene dos atributos: realidad suprema y una realidad última y trascendente que da sentido a la existencia y es pauta de comportamiento.

Se encuadran como religiones naturales las nacidas en el hombre que se interroga, con su capacidad natural, por el sentido de la vida y del mundo.

La religión sobrenatural tiene su origen en una revelación, manifestación positiva e histórica, de Dios indicando verdades a creer, normas a seguir y fin por alcanzar.  

La religiosidad es un hecho universal

Las religiones a lo largo de la Historia muestran que el hecho religioso es un fenómeno universal de los pueblos.

La religión es una expresión de la racionalidad humana, es una dimensión natural y fundamental de la existencia humana.

Síntomas de esto se encuentran en el Paleolítico inferior.

Los restos del Paleolítico superior (Altamira) permiten afirmar que existe religiosidad en el pueblo de aquel tiempo. Se estima que el hombre del Paleolítico superior cultivó la creencia de que Dios actúa en el misterio de la fecundidad y del origen de la vida.

En todas las épocas históricas, el hombre se ha expresado de modo religioso:

Homero, en su estudio sobre las mitologías, manifiesta que la vida de los griegos y de los macedonios está profundamente vertebrada por vivencias religiosas.

Platón y Aristóteles, afirman que la religión pertenece al mismo ser del hombre, debido a su racionalidad.

Aristóteles dice que el hombre es por naturaleza un ser religioso y que Dios es de todo lo existente.

Roger Bacon da testimonio de que todos los pueblos conocidos en la Europa en su época tenían vivencias religiosas.

El Descubrimiento de América ha puesto de manifiesto que los diferentes pueblos americanos, como los aztecas y mayas, tenían profundas vivencias religiosas.

La ciencia de la Historia de las religiones, siglo XIX, llegó a la conclusión de que la religión es una constante histórica de los pueblos, que va unida a la racionalidad del ser humano.

Max Scheler define al hombre como “animal religioso”.

La religión no depende de un determinado grado de civilización o cultura, sino de la condición racional humana.

Lo que se conoce de los pueblos primitivos lleva a la conclusión de que los pueblos primitivos creían en un Dios único; esta creencia ha sido expresada en dos grandes tipos de religiones, debidas a la diferente interpretación de las interrogantes y a las experiencias vitales de esos pueblos.

Pueblos sedentarios y agrícolas que percibían el misterio de la fertilidad de la tierra, que les permitía subsistir; les llevó a ver la divinidad como la Madre Tierra. La costumbre de enterrar a los muertos (in-humar=en-terrar) sugiere que veían vinculado el destino del  hombre a la diosa Madre Tierra.

Los Pueblos nómadas y pastores, con organización patriarcal, cuya creencia primaria, se centraba en un Ser celeste, cercano a la idea de padre, de Dios padre, lleno de grandeza y majestad, dieron culto al sol, a la luna, los rayos, los truenos y los vientos.

El hombre les pedía beneficios y les ofrecía sacrificios de animales.

Religiones no cristianas

Entre las religiones no cristianas se encuentran las siguientes:

Hinduismo es un conjunto de tradiciones, más que una religión.

Budismo su fundador Siddhartha Gautama recibió el sobrenombre de Buda (iluminado) que “vio” la solución al sufrimiento en la anulación de las pasiones, extinción de todo deseo y ansia de vivir,  llegando al nirvana. Es una religión monástica.

Judaísmo su fundador es Abraham y su principal impulsor Moisés.

El pueblo tiene un temor reverencial ante la majestad de Yahve cuyo nombre no se puede pronunciar.

La peculiaridad esencial de la religiosidad judía es la esperanza mesiánica, la confianza en la venida de un Mesías.

El comportamiento moral y ético es el cumplimiento del Decálogo

La Ley o Torá constituye el núcleo de la enseñanza revelada por Dios a su pueblo. Posteriormente fue fijada por escrito, la Mishná, y luego por el Talmud, con sus 613 preceptos.

Islamismo su fundador es Mahoma su mensaje es claro: un único Dios, Alá; en el día del juicio cada uno será juzgado; hacer las  oraciones prescritas. Mahoma se considera el profeta de Alá.

El libro sagrado es el Corán, que descendió sobre Mahoma.

Los cinco pilares del Islam son: Profesión de fe en Alá y en su profeta, la oración ritual cinco veces al día, la ofrenda de la limosna ritual, el ayuno durante el mes del Ramadán y por último la peregrinación a La Meca, que ha de ser realizada al menos una vez en la vida, para los que tengan posibilidad. 

Causas de la increencia contemporánea

El ateísmo y el agnosticismo son considerados como fenómenos sociales derivados de otras causas pero, en definitiva, son una “degradación” de la racionalidad y de la bondad del ser humano.

Las actuales increencias se suelen explicar del siguiente modo:

Pueblos que han vivido largo tiempo bajo sistemas ideológicos de ateísmo, es el caso de pueblos del Este de Europa.

Personas que confían en que el desarrollo científico resolverá todos los problemas humanos y traerá la felicidad, lo que haría innecesaria la religión.

La ciencia sin conciencia no es otra cosa que la ruina del alma.

No todo lo que es científicamente posible es moralmente aceptable.

No pocos hombres se encuentran atrapados por un consumismo materialista, sin perspectiva trascendente. Estas posturas ignoran el misterio de la vida y de la muerte, y reducen la dimensión trascendente del ser humano, y queda incapacitado para entender que “no solo de pan vive el hombre”, que hay “algo” más.

No encontrando la “felicidad” aparece el “desencanto” y recurre al hedonismo, al relativismo moral, a la droga y a la desesperación.

Los hay escépticos, recelosos de toda religión sin encontrar un sentido cabal a su existencia.

Otros son relativistas, defienden los conceptos de tolerancia, diálogo y libertad, propios configuradores de la vida humana, pero carentes de sentido trascendente.

Pensamientos contemporáneos son:

El “racionalismo” (siglo XVII) estima que el origen de la religión está en la razón humana; la religión es un producto del hombre y, por tanto, algo relativo y subjetivo.

Admite que la religión es racional y connatural al hombre.

Por otro lado, induce al subjetivismo religioso y moral; la religión y la moral serian según la “razón” de cada uno.

El “evolucionismo” (siglo XX) es una hipótesis de las ciencias naturales, que ha sido trasladada al ámbito de las ciencias del espíritu.

El “irracionalismo” (siglos XVIII y XIX) es una reacción humana contra la incapacidad del racionalismo de dar una explicación satisfactoria al fenómeno religioso.

El irracionalismo da primacía a los sentimientos sobre la razón.

El “positivismo” (siglo XIX) de Augusto Comte estima que la religión tiene su origen en el estadio primitivo del hombre, como explicación “fantástica y mítica” de los fenómenos de la naturaleza, debido a su ignorancia.

El “marxismo” (siglo XIX) entiende que la religión es una falsedad, es el “opio del pueblo”.

Este planteamiento no es de Marx, sino de Feuerbach que piensa que “el hombre es el ser supremo para el hombre y, por tanto, debería eliminarse la idea de Dios para que el hombre llegase a ser el centro del universo y el ser supremo, sin estar sometido a nadie”

Según Marx, la religión justifica todas las opresiones de la clase capitalista contra la clase proletaria.

El “laicismo” (siglo XX) difunde una visión a-religiosa de la vida, del pensamiento y de la moral; es decir; difunde una visión de la vida en la que no haya lugar para Dios, para un Misterio que trasciende la pura razón, y para una ley moral de valor absoluto.

“Laicidad positiva” invita al  diálogo, a la tolerancia y al respeto.    

 

Escrito sacado del libro que, con este título, han publicado Gonzalo Lobo, doctor en  Derecho Canónico por el Angéicum de Roma y profesor del Centro Universitario Villanueva

Joaquín Gómez, licenciado en Teología Dogmática por la Facultad de Teología de Burgos y doctor por la Gregoriana de Roma y profesor en el Centro Universitario Villanueva