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Ad sidera Visus

Iluminismo

Empleo el término “iluminismo”, no en su sentido filosófico, la razón (la diosa razón) puede dominar el mundo,  sino como deslumbramiento por excesiva luminosidad.

Los bienes visibles nos deslumbran con sus atractivos rayos, que como estrellas fugaces, tan pronto aparecen como desaparecen Con ese deslumbramiento quedamos cegados mentalmente para apreciar bienes invisibles, como el amor o la eternidad Los bienes Espejismovisibles, como bienes, estan muy bien pero son pasajeros no tienen la permanencia de los invisibles.

El amor no tiene tiempo, como no lo tiene la eternidad.

El “chicoleo” no está mal, pero es pasajero. El noviazgo verdadero se convierte en matrimonio.

La vida terrena es un bien visible y muy buena, pero tiene fin. La vida eterna, no visible, nunca tendrá término.

De lo dicho no se saque la idea de no apreciar y disfrutar de los bienes visibles, sino que no nos hagan olvidar los invisibles. Los visibles tienen corto alcance y por el contrario de largo alcance son los invisibles. Debemos caminar con paso firme, seguro y con la mirada al horizonte, esa linea en la que parece se une el cielo y la tierra. La vida presente es fundamento de la vida futura.

Todos estos bienes debemos mantenerlos, cuidarlos e incluso aumentarlos.

Los visibles los cuidamos naturalmente evitando caidas, buena alimentación, consultando al médico los padecimientos, y con un comportamiento correcto en las vidas  familiar, laboral y social.

Los invisibles los podemos cuidar sobrenaturalmente mediante los Sacramentos, la dirección espiritual,  ofrecimiento de labores del día, con la oración y pequeños sacrificios. Con las buenas lecturas, el mismo Evangelio del día...

Los creyentes cristianos sabemos que a la vida natural le sigue la vida sobrenatural y por tanto hemos de cuidar los bienes invisibles. Ciertamente más facil es ocuparse de los bienes visibles que de los invisibles, aunque sean de menos valor. Se aprecia más lo que más vale.

Apliquemos ese razonamiento en esta cuestión. Hay que ser coherentes entre nuestro creer y nuestro actuar. Y este conocimiento y convencimiento debemos comentarlo con los que tenemos a nuestro lado. No podemos ser egoistas y no comuniar nuestro convencimiento a otros. Esto no es predicación, sino simple comunicación. A los que están lejos o alejados lo que podemos hacer es rezar.