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Ad sidera Visus

Cartujos y La Cartuja

San  Bruno, el  primer  Cartujo

Juventud

Bruno nació en Colonia, Alemania, hacia el año 1030, sus padres no carecían de nobleza, o al menos de cierta notoriedad  en  la ciudad... Vivió sus primeros años en  esta ciudad. Como en aquella época solo los Monasterios y las Iglesias tenían escuelas para la enseñanza, es de suponer, que Bruno asistiría a alguna de ellas. Desde sus primeros años reveló Bruno dotes intelectuales poco comunes. Siendo joven fue enviado  a la célebre escuela de la catedral de Reims. Tanto se identifica con el ambiente de la ciudad que olvida su origen alemán,  se le llamará: Bruno el francés. También aquí su personalidad llamó la atención de sus maestros. Teniendo veinte años percibía los problemas de la Iglesia.  Bruno se inclina por los estudios religiosos y se entrega a la enseñanza sagrada.

 

Canónico y Maestrescuela

Entre el fin de sus estudios y su nombramiento para el cargo de “maestrescuela”, gran canciller de las escuelas de Reims, fue canónigo de San Cuniberto, y después de la catedral de Reims .Como canónigo gozaba de renta que le permitía llevar una vida confortable y acomodada. Mantuvo trato con monjes de las vecinas Abadías, Saint Thierry y San Remigio. Mucho apreciaba a los monjes negros de San Benito,  pero no era  ese su género de vida. En 1056 fue promovido a la dignidad de “maestrescuela” Bruno tenía decidido consagrar su vida al estudio y a la enseñanza de la fe.

A los 50 años Canciller

El arzobispo de Reims nombró a Bruno Canciller de su Iglesia, pero el cargo lo desempeñó un corto periodo de tiempo, ya que dimitió en el año 1077.

Bruno... ¿Obispo?

A los cincuenta años Bruno tenía ante sí un magnífico porvenir. Se le proponía la primera Sede episcopal de Francia, llamada”la diadema del reino”. ¿Quien podría oponerse a esta elección tan anhelada por todos? Nadie excepto Dios, que había dejado oír en el corazón de Bruno la llamada a una vida más perfecta.

La Aventura

Quizá en 1082 Bruno abandonó Reims en compañía de Pedro y Lamberto. Bajaron hacia el sur en dirección de Troyes. Allí a unos 150 Km de Reims, en Molesmes, existía desde 1075 una abadía cuyo abad, Roberto, tenia gran reputación de sabiduría, y a éste se dirigieron  Bruno y sus compañeros. De la conversación, de las intenciones expuestas y  por disponer el abad de una finca, que le regalaron y no utilizaba, en Seche- Fontaine, les autorizó para llevar allí una vida eremítica, durante al menos tres años. Bruno lleva dentro de sí un ideal de vida religiosa de mayor retiro, el “desierto”. Como monje, no se siente llamado a la vida cenobítica, quiere la soledad, a solas con Dios. Dejando Seche-Fontaine emprende junto a sus compañeros la ruta, más de 300 Km, hacia el sur dirigiéndose a Grenoble y los Alpes. A primeros de junio de 1084 comienza Bruno y sus ahora seis compañeros, Maestro Landuino, Esteban de Bourg y Esteban de Die, Hugo y Andrés y Guerin, ambos laicos, los que inician una maravillosa y misteriosa aventura.

El primer desierto

En busca de un lugar apropiado para la vida eremítica fueron a visitar a Mons. Hugo de Grenoble, que los recibió con gozo y con ánimo de ayudarles, así entraron en la soledad de Chartreuse y se instalaron en el corazón del macizo de esta zona, de accesos difíciles, de largos inviernos y  con grandes nevadas, de tierras pobres, es la soledad llevada al límite extremo. Era la vida estrictamente eremítica que buscaba Bruno. Pero una vida eremítica en grupo, un hombre absolutamente solo no hubiera podido subsistir en tales condiciones de vida.

La montaña, la ermita, la soledad

Tanto él como sus seis compañeros podían esperar, llevar allí juntos, la vida eremítica con todas sus exigencias y toda su riqueza espiritual. Bruno quería la vida eremítica pura, con soledad estricta, atemperada solamente por algunos actos de vida comunitaria. La misma Comunidad será poco numerosa...Para armonizar las exigencias de la soledad y la regularidad de la vida comunitaria se ofrecían dos soluciones: separar lo más posible unas celdas de otras para favorecer la soledad, o agruparlas para facilitar la vida en común. Bruno tomó una solución intermedia: las celdas estarían realmente separadas, pero cerca unas de otras, comunicándose y con los locales comunes mediante un claustro cubierto; así se podría pasar por él, al abrigo de la lluvia y de la nieve. Según el plan de Bruno, los monjes deberían reunirse varias veces al día, para el rezo del Oficio, celebrar Capítulo, o asistir al refectorio común.

Mientras se preparaban algunas tierras para el cultivo, se iban construyendo las celdas alrededor de la fuente. Construcciones toscas, pero sólidas. Más tarde cada ermitaño tuvo su celda personal. Únicamente la Iglesia fue construida de piedra. El 2 de septiembre de 1085  Hugo, obispo de Grenoble, la consagró bajo la advocación de la Santísima Virgen y San Juan Bautista.

Religiosos del desierto

Bruno y sus compañeros quieren vida eremítica, contrarrestados sus peligros por elementos de vida cenobítica... Tiene importancia el lugar, se precisa un desierto, una separación del mundo, un número reducido de ermitaños, una proporción razonable entre Padres y Hermanos. Se requiere un amor al silencio, a la humildad, al olvido y a la abnegación, para soñar en extenderlo a otras partes y personas

Un día grande

El 9 de diciembre de 1086 el obispo Hugo ratificó solemnemente las donaciones, que dos años antes le habían hecho los propietarios de las tierras de Chartreuse. Los Cartujos quedaban dueños de aquellas tierras en que vivían. Bruno podía creer por fin que había alcanzado el puerto por el que suspiraba su alma, y así vivió seis años más.

Deja Francia, pasa a Italia.

El Papa Urbano II llamó junto así a diversos  e importantes personajes. Uno de éstos seria Bruno. Arrancar a Bruno de su personal experiencia, ¿no sería condenar a muerte la naciente empresa? El Papa corrió este riesgo y Bruno en absoluta obediencia acudió a Roma, en 1090, dejando como Prior de Chartreuse a Landuino

Roma

El esfuerzo de Bruno por adaptarse al ritmo de vida de la corte pontificia fue verdadero en realidad, pero su desasosiego era también real y así se lo expuso a Urbano II, solicitándole su regreso al desierto. Urbano II decidió nombrar a Bruno para la sede de Reggio. Según derecho el elegido podía rehusar a la sede para la que hubiera sido nombrado. Aceptar el arzobispado de Reggio era comprometerse definitivamente en una vida cuyo bullicio y estilo cortesano despertaba en Bruno una repugnancia invencible. La soledad y el reposo interior constituían su vocación más profunda...

Tras conversaciones francas e íntimas entre el Papa y Bruno, éste volvería al desierto. Esta decisión honra tanto a Urbano II como a Bruno. Bruno por contrariar un deseo del Papa y Urbano II por renunciar a los servicios de un hombre al que mucho apreciaba para consejero.

Definitivamente Cartujo

Urbano II autorizó a Bruno a seguir el camino de la pura contemplación, pero no en Chartreuse, sino en una nueva fundación en Calabria, Italia.

El lugar que escogió para el nuevo ermitorio se llamaba Santa María de la Torre. Era un desierto con una altitud de 850 metros, equidistante del Tirreno y del Adriático y entre las ciudades de Stylo y Arena, bastante alejado de toda población.

Partió Bruno para su nueva fundación hacia finales de 1091 acompañado de hermanos en religión, en número no superior a los veinte. Allí permaneció Bruno hasta su muerte el 6 de octubre de 1101, es decir a los 70 años de edad  y 17 de la fundación en Chartreuse. Nada conocemos de la enfermedad que le produjo la muerte. Lo que sí sabemos es que una semana antes de su muerte y percatándose de su próximo fin convocó a sus hermanos, fue evocando las distintas etapas de su vida y  continuó con una detallada profesión de Fe

La Cartuja: Edificios y Dependencias

Tradicionalmente las Cartujas se emplazan en lugares solitarios y todas presentan esencialmente la misma distribución, tomamos como ejemplo la de Miraflores:

La Iglesia

La de Miraflores es de una sola nave, alargada, estando dividida en tres partes: el presbiterio; el coro de los Padres; y el coro de los Hermanos

El Capítulo

El Capítulo es lugar decisivo en la Cartuja. Es una gran sala abovedada, con un altar al fondo. Adosado a los muros tiene un banco corrido con respaldo. Es un lugar importante en la casa: en él un día son recibidos los más humildes servidores de todos. En las vigilias de ciertas solemnidades se reúnen todos para escuchar el sermón del Prior. También se reúnen cuando a juicio del Prior se deba deliberar sobre un asunto, o desee conocer el parecer de la Comunidad.

El Refectorio

En el Refectorio sólo se come los domingos, solemnidades y días de sepultura. Durante la comida, todos los monjes permanecen cubiertos con la capucha y guardan riguroso silencio. Desde el púlpito un monje lee la Biblia u otra lectura espiritual. Dicen los Estatutos: “mientras se nos sirve el alimento corporal, nos nutrimos de la lectura divina”.

Las Celdas de los Padres

Lo más característico de las Cartujas son la Celdas del gran claustro. En realidad la Celda del Cartujo es una casita de dos plantas, en cuyo recinto hay lugar para una sala de estudio, un oratorio, un pequeño taller de carpintería y hasta un huerto o jardín. Su relativa amplitud se explica por el género de vida eremítico de la Orden: el Cartujo pasa su vida en la Celda; las únicas salidas son, normalmente, para ir por la mañana a la Misa conventual, para asistir por la tarde al canto de Vísperas, a los Maitines a media noche, para el paseo del lunes y, los domingos para los oficios litúrgicos y la recreación.

Una letra del alfabeto pintada sobre una tablilla remata el dintel gótico de cada puerta. De ésta cuelga un llamador de madera unido al extremo de una cuerda, de modo que al tirar de él, hace sonar una campanilla colgada del techo de la planta superior de la Celda.

La primera pieza de la Celda es un zaguán presidido por una cruz y un cuadro de la Virgen. A sus pies, de rodillas en un reclinatorio, el Cartujo reza un Ave María siempre que entra en la Celda .En el muro hay un hueco para la leña para los fríos de invierno. Cerca de la puerta hay un armario-mesa con los útiles necesarios para la comida. A un lado hay un ventanuco en el que el Hermano despensero deposita la comida que el monje retirará en el momento de tomar su refección. Colgando de la pared se encuentran el sombrero de paja, el delantal y la cogulla de trabajo y el bastón. Una escalera empinada conduce a la planta superior de la Celda, en la que se encuentra la sala de estudio de cuatro por tres metros de ancho. Su mobiliario es una mesa y un sillón, de madera tosca, y una estantería para los libros.  Separado por un fino tabique y unas cortinas está el “cubiculum”, un diminuto dormitorio. La cama es una tarima sobre la que se pone un jergón de paja. La almohada también es de paja, las sábanas de paño y unas pesadas mantas completan el lecho. Al otro lado de la sala se encuentra el oratorio.   

Del zaguán se pasa a una galería bien iluminada que sirve de taller de carpintería. En uno de los extremos está el servicio higiénico y en el otro la salida al huerto o jardín de la Celda.

En esta Celda pasa el Cartujo sus días y sus años en silencio, a solas con el Señor.

Las Celdas de los Hermanos, que están situadas alrededor de otro claustro, son análogas a las descritas.

Las “obediencias”

Próximo al claustro de los Hermanos se encuentran las “obediencias”, conjunto de talleres y dependencias donde trabajan los Hermanos: lavadero, sastrería, zapatería, carpintería, panadería, y despensa.

Rodeando al monasterio están los campos de cultivo y la huerta. Una larga tapia cierra completamente el recinto,  asegurando la soledad de los monjes.

La Cartuja en gran parte se autoabastece           

Los Padres

Un Cartujo, un Monje Cartujo, puede ser Padre o Hermano. Los Padres son religiosos clérigos, sacerdotes. Los Hermanos son religiosos laicos, no clérigos.

Cuando un joven laico aspira a ingresar en la Cartuja, se le invita a pasar unos días de convivencia en la Cartuja, ocupando una Celda del claustro y siguiendo los horarios de la Comunidad. El Padre Maestro le visita con frecuencia, viniendo a conocer los motivos que le han motivado para esta elección de vida, procurando que este análisis sea con la mayor discreción y paciencia.

Para ingresar en la Cartuja se requiere haber cumplido al menos los veinte años y no rebasado los cuarenta y cinco. Si el aspirante desea ser Padre se exige una formación cultural y una capacidad intelectual para cursar los estudios eclesiásticos... En cuanto a la salud se aconseja consultar a un médico prudente que conozca bien el género de vida que se tiene en la Cartuja. En la actualidad este examen médico es obligatorio antes del Noviciado y de la Profesión. Un requisito típico exigido es que sea capaz de cantar, que si bien puede parecer extraño, está justificado ya que los oficios litúrgicos que tienen lugar en la iglesia son cantados. En caso de incapacidad para el canto el monje permanecería mudo durante la alabanza divina. Ahora bien, la cualidad esencial que se requiere para ingresar es que el aspirante sienta atractivo por el recogimiento y la oración

Todo aspirante para llegar a la consagración definitiva ha de pasar por variados pasos:

El Postulantado, el Noviciado, la Profesión temporal, y la Profesión solemne.

Quien es admitido en el Postulantado, de no menos de tres meses, siguiendo los horarios y observancias que tienen los Padres, vistiendo de seglar y cubriéndose con una capa negra en los actos de la Comunidad... Los tiempos que le dejan libre los rezos los dedica a formarse en el espíritu de la Cartuja y al estudio del latín

Supuesto que la Comunidad  da voto favorable para el Postulante, éste es admitido en el Noviciado, que dura dos años. En el  segundo de éstos, comienza los estudios de Filosofía y Teología. El Padre Maestro es quien tutela y aconseja al  Novicio

Los Novicios llevan un hábito igual al de los Padres, pero la cogulla es corta y sin traba. Esta es una tira de tela que une las dos partes de la cogulla. Además, en Comunidad visten una gran capa negra

Superado el Noviciado se accede a la Profesión temporal, en la que se emiten los votos de estabilidad, obediencia y conversión de costumbres por tres años.

Pasados los tres años el joven profeso vuelve a renovar los votos por dos años más

Pasados siete años de pruebas llega la deseada consagración definitiva, en la que se compromete a vivir de por vida exclusivamente para alabanza de Dios

Los Hermanos

Los Hermanos, llamados también “Hermano converso”, sin el menor sentido peyorativo      son realmente necesarios en una Cartuja, ya que los Padres han de permanecer en la Celda y asistir a los actos de la Comunidad sin ocuparse de las tareas materiales del Monasterio, que son realizadas por los Hermanos

Los Hermanos participan de la misma vocación solitaria que los Padres, pero la llevan a cabo de distinta forma. Su soledad está mitigada porque dedican seis horas y media al trabajo manual, fuera de la Celda.

La formación de los Hermanos es análoga a la de los Padres, así como su duración

Para el Hermano el trabajo es su medio de perfección. En el recogimiento y en el silencio, durante el trabajo, el Hermano será un contemplativo. En la dedicación y el interés por su trabajo los Hermanos Cartujos han llegado a ser verdaderos especialistas: como es el licor “Chartreuse”, los vinos del “Priorato” o los caballos de “raza cartujana”  

Los Donados son personas piadosas que se ofrecen a servir a la Cartuja y quieren pertenecer “de alguna manera” a la Orden, viniendo a ser Hermanos conversos sin votos

La espiritualidad de la Cartuja

El Padre Cartujo es sacerdote pero ejerce su ministerio sin trato directo con almas. La vida contemplativa está por encima de las categorías de lo “útil” y del “servir para...”. Vivir sólo para Dios, es el secreto de la vida puramente contemplativa

Las palabras que más se repiten en los Estatutos son: “Soledad” y “Silencio”. La espiritualidad cartujana es la del desierto. La soledad es el medio más apto para la unión con Dios. Ningún ambiente es tan propicio como la soledad

Toda la legislación de la Cartuja tiende a conservar esta soledad y silencio, que son las notas más destacadas de la espiritualidad cartujana Los Estatutos prohíben al Cartujo todo apostolado externo. Está prohibido dar dirección espiritual, oír confesiones y predicar.; “Si los seglares no se edifican con el silencio de los Cartujos, menos les edificarían sus palabras”

La clausura de la Cartuja es otra defensa de la vida solitaria. En atención al deber de la caridad con la familia, se permiten dos días de visita al año...Las cartas son muy escasas y las noticas, que no se deban ignorar, las comunica el Prior. Es una vida “ajena a los rumores del siglo”

Lo que es necesario para un Cartujo es que se enamore de la soledad. La soledad exterior crea el ambiente propicio y necesario para que pueda desarrollarse la soledad interior, que consiste en que la memoria, el entendimiento y la voluntad van muriendo a todo interés y gusto por las cosas y Dios comienza a ser sentido como único objeto saciante

El Cartujo tiene una vida ascética. Ya Séneca escribió: “Mayor soy y para mayores cosas nací, que para ser esclavo de mi cuerpo”

El Cartujo vive en un ambiente de austeridad: ausente de noticias y pasatiempos, división del sueño en dos tiempos, aspereza de la ropa, ajuar de de la Celda tosco y elemental, sin desayuno, al medio día una comida a base de legumbres, pescado o huevos y postre, ligera cena de huevos o pescado y alguna fruta. Siete meses de ayuno, con una sola comida al medio día y por la tarde pan y un vaso de vino. Semanalmente un día de abstinencia, en el que solo se toma pan y agua. Jamás se toma carne y su trasgresor es expulsado de la Orden

No toman café y el tabaco está prohibido. Como instrumento de penitencia se usa el cilicio, que consiste en dos piezas de tejido de crines de caballo unidas por unos tirantes y sujetas a la cintura por una gruesa cuerda

La soledad, el silencio, la “quies” cartujana, la simplicidad de costumbres y la vida penitente definen los rasgos más destacados del espíritu cartujano

Los horarios

Las siete y media u ocho es la hora de acostarse el Cartujo.

A las once y media de la noche la campana llama al Cartujo para comenzar el día.

Lo primero, se asea., luego pasa al oratorio de su Celda, rezando “Maitines de Beata”

A las doce y cuarto vuelve a tocar la campana, para que toda la Comunidad acuda a la iglesia, para rezar los Maitines. Terminados se cantan Laudes, el Benedictus y el Angelus de medianoche. De vuelta a la Celda el Cartujo continua sus rezos hasta quizá las tres de la madrugada

A las siete menos cuarto se levantan de nuevo para rezar la Hora Prima.             .

A las ocho llama la campana para la Misa conventual, que es siempre cantada. A continuación cada Padre celebra Misa rezada en la capillita que le corresponde, después marcha a la Celda para  rezar  Tercia y un buen rato de lectura espiritual, también oración y trabajo

A la once y media, y tras rezar la Hora Sexta, tiene lugar la comida, que la realiza solo y en la Celda, excepto domingos y festivos

Hasta la una de la tarde el Cartujo suele recrearse en su jardín,  haciendo algún trabajo o paseando.

A la una reza el Angelus del mediodía y la Hora Nona

Todos los días a las tres se cantan las Vísperas en la iglesia

A las seis menos cuarto tiene lugar la cena

A las siete la campana toca el Angelus de la tarde y termina el día con el rezo de Completas, dando gracias a Dios por los beneficios recibidos.

La actividad más importante del Cartujo es la oración. Con los años la oración se reduce a un tranquilo estar con el Señor. El Cartujo tiene un solo trabajo: vivir la intimidad con el Señor, ser en todo momento un hombre de Dios. El trabajo es un medio de perfección, una manera de mortificar la carne, de sujetar la imaginación, de vencer el tedio

No es cierto que los Cartujos no hablen nunca. Un día a la semana hay un paseo de cuatro horas de duración  por el campo llevando siempre su bastón y en días de sol el sombrero de paja     

Ritos de la vida cartujana

La toma de hábito podemos decir que es el primero de los ritos, no por importancia sino por ser con el que se inicia y tiene el siguiente ceremonial. La Comunidad se reúne en el Capítulo para deliberar sobre la admisión del postulante. Si la votación es favorable a la admisión, el Padre Maestro va a llamar al postulante. Este postrado en el suelo responde a la pregunta del Prior ¿Qué pides? con la palabra “Misericordia”. Y continúa  “Suplico ser admitido a la aprobación  en hábito monástico” 

El Prior le expone la aspereza de la vida que desea abrazar y si se siente con fuerzas para vivirla, añadiendo que antes de la Profesión puede irse libremente, así como la Comunidad podrá despedirle si no lo encuentra capacitado.

Dando conformidad, el Postulante se arrodilla ante el Prior que juntando las manos con las de aquél le asocia a la Orden.  Antes de Vísperas tiene lugar el “Enceldamiento”...

En la Celda se reviste del hábito cartujano y con la capa negra de Novicio va a la iglesia para orar junto con la Comunidad .Terminadas las preces y los cánticos, todos acompañan al  nuevo Novicio a su Celda... El Prior asperja primeramente al Novicio, a continuación la Celda, y de la mano lo introduce hasta el oratorio.

Finalmente el Prior le dice.”Don N. te ordeno guardar la Celda y cumplir con las obligaciones de nuestra Orden., a este fin te confío a los cuidados del Padre Maestro.

La  Profesión temporal La víspera de la Profesión el Novicio pide a la Comunidad, reunida en el Capítulo, le admita como el más humilde servidor de todos. Al día siguiente durante la Misa conventual tiene lugar la ceremonia de la Profesión temporal, en la que el nuevo Profeso lee la fórmula establecida para el caso

La Profesión solemne tiene lugar en la Misa conventual y reviste especial solemnidad

La Misa cartujana, que se celebra todos los días sigue un rito monástico, tomado por los primeros cartujos de la Misa cluniacense. Es un testimonio viviente de la Misa romana del siglo IX.  Los cartujos celebran la Misa en las solitarias capillas del claustro Concelebraciones solo se tienen en  algún acontecimiento de carácter conventual

La muerte para el Cartujo es una especie de sacramento, que pondrá al monje en posesión de Dios. Es una leyenda lo del “morir tenemos”, que presenta al Cartujo obsesionado con la idea de la muerte. El Cartujo muere en su Celda, acompañado en todo momento por un monje

Una vez que ha expirado es vestido con el hábito y cubierto el rostro con la capucha, se le lleva sobre unas parihuelas, al  Capítulo. Durante los Oficios conventuales se traslada el cadáver a la iglesia situándolo en medio del coro. El entierro suele tener lugar después de la Misa conventual y la sepultura una fosa, abierta en medio del claustro.

Sobre la sepultura solo queda una sencilla cruz sin nombre

En la Cartuja no hay costumbre de introducir causas de canonización          . 

El gobierno de la Orden

La historia de la legislación de la Orden cartujana es bastante complicada. El Fundador

San Bruno no escribió Regla alguna y la Orden tampoco quiso adoptar ninguna de las Reglas en uso entre los monjes de la Edad Media. Los ermitaños de Chartreuse, sencillamente conservaban el espíritu y los usos monásticos establecidos por Bruno y sus compañeros.

Ante las peticiones que algunos grupos eremíticos dirigieron a Dom Guigo, quinto Prior de la Cartuja, éste escribió entre 1121 y 1128 los usos monásticos de Chartreuse, bajo la denominación de “Consuetudines Cartusiae”, consideradas la Carta Magna.de la Cartuja, que no son en verdad una Regla.

San Anselmo, séptimo Prior, aceptó presidir una reunión de Priores en un Capítulo General  el año 1140.  Se determinó tener un Capítulo todos los años en Chartreuse, la Gran Cartuja, y su Prior ser el Presidente.

Con el paso de los años y las intervenciones de los Capítulos Generales el Rvdo. P. Riffier recapituló y codificó toda la legislación existente bajo el nombre de “Antiguos Estatutos” y se promulgaron en 1271.

Un siglo posterior el Rvdo. P. Dom Raynaldi, escribió lo que se denominó “Nuevos Estatutos”.

En 1509 nació la Tercera Compilación, obra del Rvdo. P. Dom Francisco Dupuy. Después del Concilio de Trento, en 1570 el Rvdo. P. Dom Bernardo Carasse estableció en 1578 la Nueva Colección de Estatutos.

Con algunas rectificaciones los Estatutos fueron aprobados de forma específica por Inocencio XI en 1668.

Con la aparición del Código de Derecho Canónico en 1917 se realizó alguna modificación y el Papa Pio XI en 1924 aprobó los “Estatutos de la Orden de los Cartujos”, que son los que están en vigor.

Cada dos años se reúnen en la Gran Cartuja todos los Priores, en Capítulo General, para considerar temas generales de la Orden, aunque el peso de los estudios recae sobre el “Definitorio”, compuesto por ocho, elegidos entre los asistentes.

El Reverendo Padre es el Presidente tanto del Capítulo como del Definitorio

Reverendo Padre, es el Prior de la Gran Cartuja, que jamás sale de la misma. En su tarea de gobierno es ayudado por el Procurador General y cuatro Monjes.

En el Vaticano está representado por el Procurador General

Los Visitadores realizan la Visita canónica, fundamental en la observancia cartujana, y conversan personalmente con los Monjes. “Gracias al silencio, a la soledad, al Capítulo General y a las Visitas canónicas, la Cartuja permanece en vigor”.        

Gobierno del Monasterio

En la Cartuja no existe la figura del Abad, la mayor autoridad en el Monasterio según Derecho es el Prior, ayudado por algunos Monjes llamados “Oficiales”.

El Prior es elegido por la Comunidad

La misión del Prior es recibir las Profesiones de los monjes, llevar la dirección de la Casa, velando por la observancia y ser padre común de todos en el Monasterio

El Prior se encuentra asistido por el Vicario, por el Procurador, por el Maestro de Novicios,  por el Sacristán  y por el Consejo, compuesto por dos monjes, uno elegido por el Prior y otro por la Comunidad,  juntos con  Vicario y  el  Procurador.

Misión de la Cartuja en la Iglesia

Los Cartujos pertenecen a aquel estado de la Iglesia designado comúnmente por “religiosos de vida contemplativa”. La Iglesia siempre ha estado a favor de la vida contemplativa. Tanto los últimos Papas como Pio XI,  Pablo VI, Juan Pablo II como el Concilio del Vaticano II  ponderan como de gran importancia para la vida de la Iglesia la labor de las Ordenes contemplativas  Pablo VI refiriéndose a los Cartujos dijo son: “Vigías del crepúsculo de la vida actual y profetas de la aurora que aguarda a los fieles”.  

Las Cartujas en el Mundo

En la actualidad la Orden cuenta con 18 Casas de Mojes y 5 de Monjas, distribuidas en tres provincias: Francia, Italia y España.

En la provincia de Francia se encuentra la Casa Madre, la Gran Cartuja, quizá el monasterio más célebre de Francia. Se halla situado en un estrecho y retirado valle alpino a veintisiete Km. de Grenoble.

La primitiva Cartuja fundada por Bruno fue destruida en 1132  por un alud. Dom Guigo levantó una nueva Cartuja 1,5 Km más abajo, que es el que hoy ocupa. Seis veces ardió hasta que en el siglo XVII se construyó con materiales más adecuados. Dispersados los monjes por la Revolución vuelven en 1816 a restaurar la Cartuja devastada. Por un gobierno sectario los monjes hubieron de trasladarse en 1903 a la Cartuja de Farneta, en Italia. En 1940 la Comunidad volvió a ocupar la Gran Cartuja.

Otras Cartujas hay en Francia como son: de Portes; de Selignac; de Montrieux

En Suiza se encuentra la de La Valsainte, cerca de Friburgo

En Inglaterra la de Parkminster, fundada en 1873

En América tenemos la de la Transfiguración, que es la más reciente de la Orden y la primera en América

En Italia están la de San Esteban y San Bruno, donde pasó sus últimos años Bruno.

Otra es la de Farneta

En Eslovenia tenemos, en situación un tanto precaria, la de Pleterje, en la diócesis de Ljobljana, restaurada en 1899

En Alemania,  Patria de San Bruno, hay una a seis Km de Dusseldorf  y en la diócesis de Rottenburg la Cartuja de Mareinau

En Brasil la Cartuja de María Medianeira, fundada en 1983

En España la más antigua es la de Nuestra Señora de Porta Coeli, de 1272, distante 29 Km de Valencia.;

Otra Cartuja es la de Ntra. Sra. de Montealegre, que nació en 1413, a 12 Km de Barcelona y que en 1936 fue saqueada e incendiada, dos monjes asesinados y tres heridos  Fue reconstruida

La Cartuja de Miraflores, cerca de Burgos, su fundador fue el rey Don Juan II de Castilla, padre de Isabel la Católica. Los restos del rey están enterrados en la iglesia de Miraflores. La Reina Isabel subvencionó la mayor parte de las obras, por lo que se la considera también fundadora de la Casa.

De esta Casa han surgido tres nuevas fundaciones

 Junto al rio Guadalete y donde se riñó  la famosa batalla se yergue la restaurada Cartuja de Ntra. Sra. de la Defensión

La Cartuja de Aula Dei, junto al rio Gállego y a 12 Km de Peña flor, Zaragoza, tenemos una en tierras aragonesas

En Portugal a poca distancia de Evora está la Cartuja de Scala Coeli, su restauración se efectuó en 1960

En la actualidad hay 22 Cartujas con medio millar de religiosos

La Orden mantiene “su Orden”, ya que la Cartuja es lo que es, o dejaría de ser la Cartuja

La orden de la Trapa

La  Orden de la Trapa no tiene nada que ver con la de La Cartuja, aunque los monjes, de una y otra, tengan  semejantes normas de vida

La Orden de la Trapa procede de la de los Cistercienses, de la abadía de “La Trappe” en Normandía.

Juan Bouthillier de Rancé fue el promotor en el año 1664

Característico de la Orden es:

Clausura completa

Silencio perpetuo

Ayuno riguroso

Los Trapenses se dedican a Oficios y labores manuales

Hoy en día hay unos 60  Conventos de Trapenses

Escrito compuesto por F. Javier Barandiarán, después de haber leído la publicación de  “Los Cartujos, diálogo en Miraflores” de D. Rosendo Roig  S.J. 1996