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Hispania Musulmana

Batalla  de Guadalete

Comienza la historia de la Hispania musulmana con la derrota del rey Rodrigo en la Batalla de Guadalete, que trajo la destrucción de la primera unidad hispánica lograda por los Visigodos. Causa de esta derrota fue la división y discrepancia existente entre los godos, que tienen su origen en el procedimiento “electivo” para la sucesión.

Esta derrota tuvo un efecto doble, la desaparición del reino visigodo y la caída de Hispania en manos musulmanas.

Ceuta fue la base utilizada por los musulmanes para atravesar el Estrecho.

La idea partió de Musa ben Nusayr, walí de Kairwan y conquistador de Marruecos.

 

Tariq ibn Ziyad, gobernador de Tánger, emprendía una incursión al otro lado del Estrecho; su nombre ha permanecido en el actual “Gibraltar” que proviene del árabe y significa “Monte de Tarik”. La falta de resistencia que Tarik encontró le llevó a modificar su idea de efectuar una incursión, llevándose un buen botín, en una guerra de conquista. Después de la batalla, Tarik prosiguió con sus doce mil hombres hasta Écija, alcanzando una segunda victoria, continuaron hasta el centro de la Península.

Se dice que, Musa ben Nusayr celoso de los éxitos de Tariq desembarcó  al frente de dieciocho mil hombres en Tarifa en el año 712. Musa siguió un camino diferente al de Tariq, Se apoderó de Medina Sidonia, de Sevilla, Carmona, Alcalá de Guadaira, Mérida y llegó hasta Toledo. Aquí se encontró con Tariq. Este tuvo que transmitirle el mando y el botín, agudizándose la antigua enemistad. De estos éxitos enviaron noticias a Damasco. En espera de respuesta Musa y Tariq prepararon la conquista de Zaragoza. Clara es la intención de ampliar los territorios conquistados. Musa prosiguió su campaña hacia el Norte, confiando el gobierno a su hijo Abd al-Aziz. 

El khalifa de Damasco recibió acusaciones contra Abd al- Aziz.  Este fue decapitado mientras se encontraba orando en la mezquita de Sevilla. Su cabeza fue enviada a Damasco. Hispania se convertía en provincia del gran Imperio.

Los musulmanes querían establecer un reinado nuevo en sustitución del visigodo. No ocuparon la totalidad de los territorios de la Península. La población musulmana, entre árabes y berberiscos, no excedía de 35.000 hombres, mientras que la población peninsular sumaba 3,5 millones de hombres hispano-romanos cristianos, no obligados a convertirse al Islam. Los que se convertían se denominaban “muladíes”.

Condiciones jurídicas y económicas permitieron a la comunidad cristiana vivir dentro del “al-Ándalus”.

Los musulmanes llamaban a los cristianos  “musta ´rib” de donde viene “mozárabe”.

Batalla de Poitiers

Los musulmanes se sentían militarmente muy superiores a los cristianos. Esto les impulsó a llevar sus operaciones a las Galias. Conquistaron Narbona, Carcasonne y Nimes, llegando al interior de Borgoña. El conde Eudes fue derrotado a orillas del Dordoña. El duque de Aquitania solicitó auxilio al mayordomo de palacio de Austrasia y duque de los francos, Carlos Martel, que con  la pesada caballería germánica derrotó a los musulmanes en las inmediaciones de Poitiers en octubre de 732.

Marca un punto de inflexión en la relación Cristiandad e Islam.

Hacía diez años que miembros de la nobleza visigótica iban a refugiarse en las montañas asturianas. Uno de éstos fue Pelayo que se internó en los Picos de Europa y dada su ascendencia se le unieron numerosos hombres para combatir a los musulmanes.

Hubo encuentros sin más importancia que la de alentar el espíritu de lucha.

Batalla de Covadonga

En el año 722 tuvo lugar la Batalla de Covadonga en la que venció Pelayo y murió el general musulmán Abd al-Malik. Munuza y los suyos se retiraron de estas tierras y se dirigieron hacia el Sur. El triunfo de Pelayo atrajo a muchos visigodos. Pelayo fijó su residencia en Cangas de Onís, núcleo inicial de un reino sin nombre ni calidad de tal. Pelayo fue elegido, a la manera gótica, “jefe”. Pelayo murió el año 737 y le sucedió su hijo Fáfila, que dos años después murió en una cacería de osos. La Asamblea reconoció por jefe a Alfonso, yerno de Pelayo e hijo del duque de Cantabria, que uso el título de rey. En 740 el núcleo astur-cántabro suponía una verdadera fuerza, mientras en el Islam y por tanto en el al-Ándalus, se daba una profunda crisis. En la comunidad islámica los árabes formaban una aristocracia dominadora. El Imperio, en manos de los omeyas, era primero árabe y después musulmán. Había una enemistad entre árabes y berberiscos. Incluso dentro de los árabes se enfrentaban “yemenies” y “qaysíes”

Estas disensiones trajeron una guerra, que duró quince años de sangrientos episodios, pero preparó la restauración omeya en al-Ándalus, primer estado musulmán independiente del Khalifa. Luchas internas e interminables se produjeron hasta que fue elegido como gobernador Yusuf ben Abd al-Rahman, que favoreció a los qaysies, y actuó durante diez años de forma independiente. 

La crisis sufrida por al-Ándalus favoreció el crecimiento del incipiente reino astur, que se extendió a lo largo de toda la costa cantábrica y hacia el Sur hasta Coria y Mérida.

Es obra de Alfonso I que en sus campañas formó una zona deshabitada, y por tanto tranquila

Cuarenta años después del “Guadalete”, la Península era el asiento de dos comunidades que ocupaban territorios  muy desiguales: la musulmana de al-Ándalus, extensa y rica, y la cristiana de las montañas del Norte. Entre ambas la guerra era el estado normal      

Dinastía Omeya

El año 750  la Dinastía Omeya fue destruida y sustituida por la de los Abbasida. De los Omeyas sólo se salvó Abd al-Rahman, nieto del Khalifa Hisham e hijo de una cautiva berberisca.

El cambio suponía que el poder supremo de la comunidad de los muslimes recaía, por vía de herencia, en los descendientes o parientes de Muhammad. El joven Abd al-Rahman huyo hacia el norte de África, de predominio “qaysí”. La existencia de numerosos clientes omeyas en la Península le motivó a buscar en ella puntos de apoyo 

En la segunda mitad del siglo VIII el Islam en la Península experimentó un vigoroso movimiento, no sólo a restablecer en el trono a los legítimos herederos de la Dinastía Omeya sino a establecer una fórmula de gobierno, distinta de la identidad entre Imperio e Islam

Abd al-Rahman desembarcó en Almuñécar en agosto de 755. Yusuf no pudo oponerse y hubo de entregar el gobierno autónomo de Granada y Málaga. Abd al-Rahman, que residía en Archidona, fue proclamado emir en 756, poco después hizo su entrada en Sevilla, ya contaba con numerosas fuerzas. Marchando sobre Córdoba se encontró y derrotó a las fuerzas de Yusuf, que había salido a su paso.

En la mezquita de Córdoba Abd al-Rahman se hizo proclamar emir de al-Ándalus, fundando así  el que habría de ser el primer Estado musulmán independiente.

Durante veintidós años el primer emir en la Península hubo de aplacar odios entre los miembros de la comunidad musulmana y luchar para afirmarse en el trono. Al principio aplicando clemencia con los antiguos enemigos y después atrayendo a parientes y clientes de los omeyas. Los yemenies eran de poco fiar.

Toledo, fiel a Yusuf, se sublevó en 762 y en 765, pero fue sometida por Abd al-Rahman

El khalifa abbasida, al-Mansur, envió a uno de los suyos como gobernador en la Península. El emir se encerró en Carmona y en una salida con sus mejores tropas derrotó al presunto gobernador. Las cabezas  cortadas fueron enviadas a un mercado.

Abd al-Rahman desplegó una intensa labor de organización interior. Tenía gran capacidad de trabajo. En una mano tenía la espada, mientras construía con la otra. Como emir, nunca tomó el nombre de khalifa, ejerció un poder absoluto, con todas las funciones correspondientes a la suprema soberanía. La tradición musulmana, Sunna, le prestaba un apoyo; en el Islam no existen las ideas concretas acerca de la legitimidad de origen del poder y sí la convicción de que cualquier autoridad es preferible a la anarquía.

Tarea fundamental fue la reorganización del ejército para alcanzar una gran fuerza de choque.

En la década de 770  Abd al-Rahman dirigió dos campañas, sin mayores consecuencias, contra los focos de resistencia de la naciente monarquía asturiana, que se encontraba con luchas sociales, casi de guerra civil.

Desde 768 los francos ocupan toda la línea del Pirineo que cuentan con los moradores del otro lado de los montes, navarros, llaman los musulmanes a los que ocupan la comarca de Pamplona.

En la primavera del 778 el monarca francés con sus tropas atravesó Navarra  para llegar a Zaragoza. En esta no pudo entrar y optaron por el regreso. A su paso por Pamplona destruyeron las murallas, pero al atravesar Roncesvalles la retaguardia gala fue abatida. En este encuentro  de agosto de 778   murió Roldan, marqués de Bretaña, dando origen a uno de los más famosos cantares de “gesta”. 

La monarquía se dividió en provincias o “coras”, que gobernaban “walies”, enviados desde Córdoba.

El país seguía siendo predominantemente agrícola, aunque a mediados del siglo las ciudades habían comenzado a crecer. Incluso se fundó Calatayud y posteriormente Magerit. Nacía el artesanado y el comercio mediante los “zocos”

Abd al-Rahman hizo acuñar 760 dinares de oro y dirhenes de plata. Así se creó el sistema monetario que había de durar en toda la Edad Media.

En todo procedió como un rey árabe: cuando muera el 30 de septiembre de 788 dejará en herencia del trono al menor de sus hijos, Hisham, como su ilustre abuelo   

En estos años apareció en la comunidad musulmana la doctrina rigorista “maleki”, correcto uso de la tradición oral islámica, Sunna. En la comunidad cristiana apareció la tesis “adopcionista”.

Durante los reinados de al-Hakam I y el de Abd al-Rahman II, que cubren más de medio siglo, la monarquía cordobesa alcanzó una gran solidez, basada en una organizada administración territorial, un real ejército y en la rígida ortodoxia del malekismo. Surgieron  problemas por el creciente descontento de los muladíes,  por la presión de los cristianos y por varias revueltas habidas en las amplias zonas que los musulmanes llamaron Frontera Inferior, Media y Superior. Revueltas en Mérida, en Toledo y en Zaragoza. Las medidas de rigor aplacaban de momento las revueltas, pero no conseguían extirpar su raíz. Incluso en la misma Córdoba hubo una revuelta que se terminó con la ejecución de 72  personas y otra, en el mismo palacio, que una vez sofocada se permitió a la soldadesca saquear y matar a su antojo en el arrabal de Secunda.

En estos años vemos a Alfonso II como el creador del Reino de Oviedo. Sus antecesores eran reyes, pero a modo de caudillos por necesidades del momento. Alfonso II fue “ungido”, se instaló en  una ciudad, Oviedo, que quiso se asemejase a Toledo mediante construcciones de iglesias y basílicas. En Galicia ordenó construir una pequeña iglesia, en el “Campus Stellae” (Campo de la Estrella), Compostela, para albergar las reliquias de Santiago. 

Oviedo se convirtió en asiento de la corte. Estableció diversos cargos para el gobierno en palacio y en los territorios. Restableció el “Liber Judiciorum”           

Los normandos desembarcaron en las costas asturianas y saquearon Gijón pero fueron derrotados en tierras galaicas. Posteriormente se introdujeron en la comarca sevillana siendo vencidos por los musulmanes.

La orientalización del emirato de Córdoba provocó el distanciamiento entre los dominadores árabes y los descendientes de hispano-romanos, provocando varias crisis. Los mozárabes por mantener “su” Iglesia isidoriana y los muladíes con tendencias separatistas.

Por otra parte los asturianos se lanzaron a por la Meseta, levantando castillos  en los puntos altos, para alcanzar la línea del Duero. El nuevo rey de Oviedo, Ordoño I, que sucedió a su padre presidió una abierta expansión Los vascones, de Navarra, se organizaron como reino.

Muhammad I (852-886), sucesor de Abd al-Rahman fue menos indulgente que su padre, aplicando medidas de rigor, que alentaron los ánimos de los decaídos. La sublevación de Toledo se extendió por toda la Mancha.

Ordoño I derrotó en Albelda al moro Musa el año 859.

El año 860 las tropas cordobesas invadieron Navarra llegando a Pamplona, donde hicieron prisionero a un hijo de García Iñiguez y lo retuvieron mucho tiempo como rehén en Córdoba. Su hija, Onneca, casó con Abd-Allah, hijo del emir, y fue abuela del primer Khalifa  de Córdoba, Abd al-Rahman III

En el verano de 865 los cristianos sufrieron, en La Morcuera, una de las derrotas más sangrientas frente al Islam. Los súbditos de Ordoño consiguieron reagruparse y cerrar el paso, junto a las peñas de Amaya, a  los musulmanes. Ordoño I murió en el año 866.

En la historia del Islam hispánico encontramos una constante: discordias intestinas que favorecen a los cristianos. De este mal, discordias internas, también se daba en el campo contrario.   

El nuevo rey de Asturias, Alfonso III, ejerció el poder durante cuarenta años (866-910).

Alcanzó el Duero, que vino a ser la línea de separación con el Islam. Venció a los musulmanes en Polvararia y en Valdemora, demostrando el gran poder del reino leonés.

Además al reino de Asturias, Galicia y León se añaden las entidades de Castilla y el “Territorium portucalense”. Se reconoció a Navarra, Cataluña y Aragón condiciones suficientes para constituir entidades propias.

En el año 880 la situación de los omeyas podía calificarse de extraordinariamente grave.

Reverdecían las revueltas, como si la energía desplegada por el emir, Muhammad I, sirviese más de acicate que de temor. Muhammad murió en agosto de 886.

La muerte de Muhammad I fue la señal de una agitación que desembocó en la ruina casi total de la monarquía omeya, que permitió a los cristianos consolidarse y expansionarse.

Los dos hijos de Muhammad, al-Mundhir y Abd Allah, que le sucedieron, tuvieron que enfrentarse con una revuelta que podía traer la división del al-Ándalus    

Asesinado murió al-Mundhir, quizá por su mismo hermano, Abd Allah,

Abd Allah, piadoso musulmán, abstemio y ahorrativo, restauró la antigua costumbre de administrar justicia cada semana a la puerta de la mezquita y estaba adornado de buenas cualidades de gobernante. Le producía gran tranquilidad tener como nieto el que llegaría a ser el khalifa Abd al-Rahman III

Los árabes se enfrentaban a muerte con los muladíes en Elvira, en Granada y en Sevilla. Abd Allah se decidió por una actuación totalmente favorable a los linajes árabes, lo que empujó a los muladíes a una lucha abierta.

El emir logró, junto a los muros de Poley, una victoria decisiva sobre los muladíes.

A continuación el emir emprendió una amplia expedición militar apoderándose de Écija y Archidona.

El emir no pudo impedir que los yemenies guiados por Ibrahim se asentaran de forma independiente en Sevilla. Ibrahim gobernó sin obstáculos, aunque considerándose vasallo del emir de Córdoba y pagarle tributo.

En esta época se afianzó el condado catalán y se fortaleció el reino de Navarra. Por el contrario el reino de Alfonso III quedó mermado al ser dividida la herencia entre los tres hijos: Ordoño con Galicia, Fruela con Asturias y García con León. El rey Alfonso III murió en Zamora a finales de 910 o principios de 911.

Fundación del khalifato. Abd al-Rahman III, el Pacificador.

El Duero trazaba la línea divisoria entre las zonas cristiana y musulmana. Durante el siglo X habría luchas en la zona, con predominio leonés unas veces y otras del khalifato.

Este adoptó la fórmula musulmana de comunidad religiosa con autoridad política. Para la lucha declara la “guerra santa”.

Abd al-Rahman nació el 7 de enero del 891, corto de talla, unía a la tenacidad y astucia, propia de los omeyas, el realismo y el valor personal de sus orígenes vascos. Sus manifestaciones de piedad musulmana disminuyeron, quería volver al régimen de tolerancia, que hubo anteriormente. Su programa de gobierno era el propio de un “pacificador”. Admitir a reconciliación a cuantos se sometiesen y castigar duramente a los recalcitrantes. Los muladíes, de Sevilla, preferían rendirse.  Los mozárabes fueron pasados a cuchillo. Implacable era su actitud contra los cristianos.

El año 929 el khalifa decidió acabar con la independencia del gobierno de Badajoz, que no resistió unos meses. A continuación se dirigió hacia Toledo, que se rindió el 2 de agosto de 932. También sometió la Frontera superior, es decir, la zona de Zaragoza.

En los primeros treinta años del siglo X el khalifa tenía en sus manos toda la frontera.  

La aparición de un segundo khalifato, el fatimí con capital en Kairwan, rompía la unidad de la comunidad musulmana y suponía un peligro para al Ándalus.

Abd al-Rahman III había de ser la cabeza de la oposición al nuevo khalifato. Las tropas de Abd al-Rahman derrotaron a los fatimíes en el norte de África ocupando Melilla y Ceuta.

Con estos triunfos Abd al-Rahman dispuso que en la oración y en todos los documentos expedidos a su nombre se le designase con los títulos de “khalifa rasoul Allah”  (lugarteniente del enviado de dios). El propósito del khalifa era constituir una comunidad musulmana que sustituyera a la estructura política existente. El régimen khalifal debía ser el de todos los musulmanes, sin diferencia de origen, fundiendo en una sola entidad a baladíes, muladíes y berberiscos. El khalifa era soberano como emir de todos los creyentes y no solo de los árabes. Ser musulmán se anteponía a cualquier otra consideración de raza o estirpe. La comunidad islámica podía ser tolerante con otras comunidades religiosas, cristianos y judíos, sin otorgarles los mismos derechos.

Depositario de la verdad profética, el khalifa no tiene límites en su poder.

Abd al-Rahman y sus sucesores tendrán que rodearse de un rígido ceremonial que exalta su figura y le aísla de sus súbditos. Una autoridad de este tipo necesita un ejército para imponerse y hacerse obedecer.

Abd al-Rahman III ordenó la construcción de un gran palacio en las afueras de Córdoba, al que llamó Madinat al-Zahra, en honor de una favorita suya, que estuvo terminado antes del año 945.         

El khalifato y los reinos cristianos

Ante la posición e incursiones de los cristianos en la línea del Duero decidió Abd al-Rahman III emprender acciones ofensivas en tierras cristianas.

Hubo alternativas, victoria cristiana en San Esteban de Gormaz, en la que perdió la vida el mejor general de Abd al-Raman y derrota en la batalla de Valdejunquera.

Los reinos cristianos deberían actuar juntos para enfrentar al enemigo musulmán, pero en lugar de unirse se separan e incluso tienen desacuerdos internos los mismos reinos.

Aparece en escena Fernán González, descendiente de Nuño Núñez y conde de Castilla, que supo aunar fuerzas y unir reinos, Asturias y León, para formar Castilla.

Es el nacimiento del reino de Castilla.

Fernán González con ayuda de Ramiro II obtuvo una victoria en Osma

Abd al-Rahman III preparó una gran operación, “campaña de la omnipotencia” que en julio de 939 los combatientes se encontraban ante los muros de Simancas, castillo muy importante. Ante él se encontraban Ramiro II, el ejército navarro y los condes castellanos Fernán González y Asur Fernández. La batalla tuvo lugar a primeros del mes de agosto y los musulmanes fueron derrotados. Poco después hubo un segundo encuentro, en Alhandesa (El Foso) que aún fue más desastroso para los musulmanes. Por orden del khalifa fueron ahorcados, como cobardes, trescientos oficiales.

Abd al-Rahman decidió establecer una base defensiva más allá de Toledo en Medinaceli

Estructura de la Comunidad Andalusí

La Comunidad estaba formada por indígenas conversos y emigrantes berberiscos. Los árabes eran realmente  una minoría.

Conforme pasaba el tiempo las desiguales partes, visigotismo e islamismo dio lugar a una cultura orientalizante con claros signos distintivos.

Córdoba era el faro de Occidente y en ella confluían dos corrientes, europea y oriental. Las diferencias entre los de uno y otro lado de la frontera eran sólo religiosas. Incluso entre los soberanos se establecían lazos de parentesco.        

La comunidad musulmana se encuentra en contacto con judíos y cristianos. Los mozárabes constituían una masa de contribuyente muy interesante, que habían de residir en zonas definidas. En las ciudades las comunidades judía residían en barrios denominados “juderías”. Estas se dedicaban al comercio, a la artesanía y a la medicina

Los berberiscos se hispanizaron tan rápidamente que pronto olvidaron su propia lengua, “al-garbí” (de donde viene el castellano “algabaria”).

Los árabes conservaron su aire aristocrático, ocupándose preferentemente de la administración de grandes fincas y del comercio.

La comunidad presentaba diferencias sociales. Una masa de población musulmana libre y no rica, la “amma”, formada por campesinos y artesanos; y una aristocrática “jassa”, que estaba compuesta por parientes del khalifa.

En las ciudades existía una clase media de notables, “a áyan”, con un cierto bienestar.

Abundaban las ciudades, variadas en situación y tamaño. Córdoba destacaba, era una segunda Bagdad, como conjunto monumental entre fuentes y árboles.

Las ciudades tenían su “zoco”, centro comercial y mentidero o lugar de encuentro y comentarios.

La comunidad andalusí se caracterizaba por el predominio del varón. La enseñanza de los niños se centraba en la memorización del Corán. A la caída de la tarde el musulmán se encerraba en su casa, ya que la noche era temerosa y siniestra.

Los musulmanes cuidaron la agricultura mediante las acequias. Cultivaron el olivo, árboles frutales, como el naranjo, e industriales, como el esparto.

También la ganadería fue atendida con la crianza del caballo andaluz.

Destacaron en la producción de tejidos y en el trabajo sobre cueros.

Acuñaron monedas y establecieron unidades de dimensión, capacidad y peso.   

Ordenación política del Khalifato

El régimen del khalifato es claramente despótico. Todo comenzaba y concluía en el khalifa, que no es solo el jefe de la comunidad sino su intermediario entre dios y los hombres. El único que tiene autoridad para decir qué es bueno y qué es malo.

Abd al-Rahman III tuvo conciencia de que el cumplimiento de sus funciones le convertía en un esclavo del poder. El régimen se apoyó en el ejército hasta convertirse en estado de hecho más que de derecho.

Sólo los miembros de la “jassa” tenían acceso a la presencia del khalifa. El khalifato no es hereditario, sino que el khalifa reinante elige entre sus parientes al que le parece más capacitado para desempeñar las funciones supremas. El khalifa, que tiene que pertenecer al linaje mismo del Profeta, es proclamado y aceptado por la comunidad.

El khalifato hizo un gran esfuerzo para la centralización, de manera que el khalifa penetrase en todos los sectores: administración, hacienda, ejército y justicia.

El territorio estaba dividido en veintiuna provincias gobernadas por el “walí”, designado por el khalifa.

Apogeo militar del khalifato

Abd al-Rahman III era árbitro de la situación frente a unos príncipes divididos por odios muy fuertes. Exigió la entrega de diez fortalezas convirtiendo el Duero en la línea fronteriza musulmana.  Murió el 16 de octubre del 961 sin haber recibido respuesta.

Para sucederle designó a su hijo  al-Hakam, que tenia cuarenta y seis años.

El khalifato alcanzó, a los quince años del reinado de al-Hakam un equilibrio fecundo.    

En el verano del 963 al-Hakam lanzó sus fuerzas al ataque en la línea del Duero. La superioridad de sus fuerzas era evidente. Fernán González fue derrotado en San Esteban de Gormaz. Sancho I de León y García de Navarra solicitaron al khalifa una tregua, abriendo un largo período de paz. Era una paz con sometimiento de todos los poderes cristianos. El khalifa se sentía soberano de toda la Península. Era momento para recuperar la influencia que en el norte de África había poseído su padre. Utilizando a Ceuta como base militar y dominando su flota el mar de la Zona, al-Hakam II se decidió a emprender la lucha, que tuvo alternativas hasta el otoño de 974, momento culmen del poder en el norte de África.

Guerra larga que tuvo un incesante exterminio de tribus enteras con venganzas crueles

Almanzor

Almanzor, “Abu Amir”, nacido el año 940 pertenecía a un linaje árabe yemení establecido en Torrox, desde los días de la Conquista. Era Abu Amir ambicioso e inteligente, estudió en Córdoba, sirvió en Palacio. El año 973 se le nombró “cadí”, administrador de los fondos en todo el territorio del khalifa. Su primer cargo militar fue la intendencia de las tropas mercenarias acuarteladas en la capital, de éstas se servirá para la dictadura.

La guerra en el norte de África y las rivalidades dentro de los reinos cristianos justificaban “la tranquilidad” en la línea divisoria entre musulmanes y cristianos.

El día 1 de octubre de 976 murió el khalifa al-Hakam, dando paso a la dictadura de Almanzor

El khalifato se definía como unidad de poderes: religioso, jurídico y civil. Presionado por los reinos cristianos y los enemigos musulmanes de África el régimen omeya de Córdoba tenía que aumentar constantemente sus tropas mercenarias.   

Almanzor se propuso la separación de poderes. Al khalifa le corresponde la presidencia de la comunidad, con autoridad religiosa plena. El poder civil y militar, con titulo y calidad de rey se lo apropiará el mismo. Si bien por razón del linaje omeya la comunidad  reconoce  al  khalifa,  al rey se le reconoce en cuanto alcanza victorias o sus fuerzas le permiten permanecer.

La corta edad del heredero requirió una regencia, que con intrigas y asesinatos, dio paso a la dictadura de Almanzor en 978. Comenzó ejerciendo en nombre del khalifa, hasta hacerla en nombre propio y hereditario.

Pronto cayó en los placeres prematuros de una corte cerrada al exterior.

Inicio las obras de un Palacio, a orillas del Guadalquivir, y que puso de nombre “Madinat al-Zahira” (ciudad brillante). En el que se instaló el año 981.

Apartó al khalifa Hisham afirmando que le había otorgado una delegación completa de su autoridad, ya que quería dedicar su vida a ejercicios de piedad y al estudio. Por el bien de la comunidad de su pueblo.

Las relaciones entre el célebre general Galib  y Almanzor comenzaron a deteriorarse el año 979. En julio de 981 hubo luchas en torno a Medinaceli en la que se enfrentaron las fuerzas de  Galib y las de  Almanzor.

Galib murió al caerse del caballo, en una carga furiosa.

Almanzor ejerció una autoridad implacable, no guardaba agradecimiento a nadie, ni consentía que despuntara quien pudiera hacerle sombra    

Pocas y poco más que escaramuzas fueron los enfrentamientos guerreros entre reinos cristianos y las fuerzas de Almanzor

La primera gran victoria de Almanzor fue en San Vicente de Atienza en julio de 981, en la que murió el infante Ramiro de Navarra. Al mes siguiente una nueva derrota en Rueda, y sucumbió Simancas. Almanzor era consciente del valor de esta victoria 

De aquí que tomara el título de “al-Mansur”, (el invencible),  Almanzor. 

Un descendiente de al-Hakam I, llamado Piedra Seca, formó un plan para que fuera asesinado Almanzor, pero la astucia de éste atrajo a los conjurados y desbarató el plan.

Perdieron la cabeza “Piedra Seca”, el gobernador de Zaragoza y el mismo hijo de Almanzor. Un nuevo baño de sangre eliminó a otros muchos, como por ejemplo, a un almirante, Ibn Rumahis que se destacó por sus éxitos en África, fue invitado a un banquete y envenenado.   

Almanzor llevó sus armas contra el reino de León. Arrasaron Carrión y se apoderaron de Astorga. Llevo su infantería hasta Oporto por mar y continuó por tierra hasta llegar a Santiago de Compostela. Si bien respetó la tumba del Apóstol, las campanas las transportó a Córdoba no dejando fuerzas de ocupación en Santiago.

Acto seguido se dirigió contra el reino de Navarra llegando a Pamplona

Entrado el año 1000 Almanzor penetró en tierras de Medinaceli hasta Peña Cervera, donde se habían concentrado navarros y leoneses con el conde castellano. El día 29 de julio tuvo lugar la batalla campal, en la que un movimiento de los castellanos obligó a retroceder a los musulmanes, retirada que no supieron aprovechar los cristianos. Entando en  Córdoba, Almanzor reprochó, a sus soldados y jefes, el poco valor que habían tenido en Peña Cervera. Más que dudoso es determinar de quien fue la victoria, aunque de aquí los juglares sacarían la leyenda de Calatañazor: “Donde Almanzor perdió el tambor”

En 1002 las fuerzas de Almanzor penetraron en la Rioja y destruyeron el monasterio de San Millán de Suso

En el verano de 1146  desembarcó en Tarifa un contingente de tropas almohades a las

Almanzor se encontraba enfermo y tenía conciencia de que llegaba su fin. A lo largo de dos semanas fue trasladado a Medinaceli donde murió el 10 de agosto del 1002.

El anónimo autor del “Chronicon Burgense” escribió el epitafio final:

“Obiit   Almansur   et sepultus est in infero”.

El régimen fundado por Almanzor se prolongó durante seis años, regido por su hijo Abd al-Malik.

El hijo fue más duro, pero menos inteligente que su padre. Luchó durante seis años y enfermo murió en octubre de 1008.

Le sucedió su hermanastro, llamado “Sanchuelo”, que carecía de las dotes de sus dos antecesores, dio pie a enfrentamientos entre árabes, berberiscos y eslavos de la guardia imperial. Luchas interminables terminaron con el khalifato y los reinos cristianos volvieron al ataque

Sanchuelo se refugió en un monasterio cristiano, pero sus perseguidores le localizaron y dieron muerte (marzo de 1009)

Candidato de los árabes fue Muhammad, que gobernó al servicio de su partido.

Los castellanos vencieron en Alcalá de Henares y en Alcolea, cerca de Córdoba, a las tropas de Muhammad

También los catalanes  llegaron a la capital del khalifato causando en ella  mayor daño de los que anteriormente soportaron, saqueando y destruyendo la orgullosa residencia Madinat al-Zahara.

Muhammad estaba vencido y murió asesinado

Caída del khalifato

Se procedió a proclamar khalifa a Hisham  II, que nombró “hachib” a Wadih que fue rechazado como dictador émulo de Almanzor. Eligieron a Sulayman que se mantuvo en el trono durante tres años, al cabo de los cuales,  Alí ben Hammud se hizo dueño de Málaga en 1016, avanzó sobre Córdoba e hizo prisionero a Sulayman y se hizo proclamar khalifa. Comprobó que en aquella situación “era más fácil vencer que gobernar”. Los berberiscos decidieron suprimir al khalifa y reemplazarle por el hijo de Alí ben Hammud, que mandaba el ejército del norte de África. La división triunfaba y los cristianos estaban llamando a las puertas de la frontera.

A  falta de una Corte  la vieja ciudad, romana y khalifal, languidecía y en el año de 1031 desaparecía definitivamente el khalifato de Córdoba.

El definitivo fracaso de crear, en la Península Ibérica, una sólida monarquía islámica, el khalifato, desembocó en un conjunto de pequeños reinos, los “reinos de taifas”.

Taifas andalusíes son: Córdoba, Sevilla, Ronda, Carmona, Morón, Arcos, Huelva, Niebla, Silves, Santa María del Algarbe, Mértola, Badajoz, Toledo, Zaragoza, Albarracín, Alpuente y Murcia

Taifas eslavos son: Valencia, Tortosa, Denia, Baleares y Almería.

Taifas berberiscos son: Málaga, Algeciras y Granada.

Dentro del siglo XI los alguno de sus “reyes” se presentan como herederos del khalifa Hisham II y por tanto con dominio sobre todos los demás. Para lograr esto se valen de armas y artimañas. Algunos de estos reinos, para su defensa, solicitan la protección de un reino cristiano a cambio del pago de un tributo, que llaman “parias”.

El  imperio almorávide

Tras el fracaso del Khalifato dirigido por la aristocracia árabe surgen otros pueblos islamistas y más belicosos, los Almorávides. Practican la religión con más simpleza y mucha menos tolerancia. En nombre de la pureza del Islam, limitaban el matrimonio a sólo cuatro mujeres libres, arrancaban las cepas, prohibían la música y los placeres. Los almorávides alcanzaron una fuerza arrolladora que infringió a Alfonso VI una acusada derrota en Sagreras el año 1086. Poco sacaron los musulmanes de la victoria alcanzada a costa de tantas pérdidas como las del enemigo. Yusuf  regresó a África dejando pocas fuerzas. En junio del 1089 Yusuf desembarco en su base de Algeciras, reuniéndose con los reyes de Sevilla, Granada, Almería y Murcia.

Se dirigió Yusuf a Toledo pero no pudiendo ocupar la ciudad marcho en primer lugar a Tarifa a la que sometió así como otros reinos. Es decir que los reinos de Taifas desaparecieron, exceptuado el de Zaragoza, quedando solo los Almorávides    

Los cristianos hicieron frente a los almorávides contando con caudillos como El Cid.

El Cid murió en 1099 y Yusuf en 1107. Le sucedió su hijo Alí que puso su residencia en Granada e hizo de la guerra santa su principal objetivo.

Los almorávides iniciaron en 1111 una campaña por la frontera occidental, llegando hasta Oporto. Pero sufrieron los primeros reveses en la frontera oriental, a manos de Alfonso I  “el Batallador” y los condes de Barcelona. 

Se acusaba la decadencia de los almorávides, que habían perdido mucho de su inicial vigor militar y de su adhesión al espíritu del Islam.

De Bagdad surge la doctrina “almohade” como reacción a la actitud de los almorávides.

A  los seguidores de esta doctrina se les llamará almohades, que significa, en árabe, unitarios.

A principios del siglo XII el al-Ándalus se encontraba en continua anarquía y guerra, señales evidentes de la desintegración del estado almorávide. Órdenes de un tal Barraz. Llegaron a ocupar Sevilla, pero no pudieron mantenerse y regresaron al África.

En estas circunstancias el partido andalusí puso sus esperanzas en Ibn Mardanish, que se vanagloriaba de ser un árabe puro, aunque era “muladí”. Su apellido es una corrupción de Martínez. Ayudado por el rey de Valencia, y con la capacidad combativa de sus fuerzas se apoderó de Murcia, y posteriormente se adueñaría de Jaén y de Granada. Convocó en 1150 a los taifas españoles para adoptar las debidas medidas de defensa y nombró a su hijo, Yaqub, gobernador del al-Ándalus con residencia en Sevilla, que sería la verdadera capital de al-Ándalus.   

Los cronistas le llamaron Ibn Mardanish Lope o el rey Lobo, considerándole como  un soberano español más.   

Ibn Mardanish gobernaba con autoridad una amplia zona de la Península, viniendo a ser el sexto reino en lucha contra los almohades.

En 1159  Ibn Mardanish se apoderó de Carmona, amenazando a Sevilla. Ante esta amenaza el khalifa envió fuerzas a la Península que recuperaron Carmona. En Granada  Ibn Mardanish promovió una sublevación, de judíos y muladíes, contra los almohades.

Imperio de  los  almohades

Fuerzas almohades vinieron desde Rabat aplacaron la sublevación y derrotaron a las fuerzas de Ibn Mardanish, así llega su declinar. 

Desde 1165 comienzan a proyectarse sobre la Península la sombra de las fuerzas almohades, más numerosas que eficaces. Se apoderaron de Andújar, Baza y Vélez Málaga.

En 1171 el khalifa se trasladó a la Península

En mayo de 1172 murió Ibn Mardanish recomendando a su hijo que se sometiera a los almohades.

Las luchas entre almohades y reinos cristianos será la nota dominante durante cuarenta años con alternativos éxitos y sin mayores efectos territoriales, salvo la conquista de Cuenca.

Entre los reinos cristianos no hay acuerdos y disensiones tenían los musulmanes.

El año 1195 gran número de almohades armados cruzaron el Estrecho de Gibraltar y desembarcaron en Tarifa. Conocedor el khalifa de las fuerzas que Alfonso VIII tenía concentradas en Alarcos, cerca de Ciudad Real, se dirigió atravesando el puerto del Muradal. Alfonso VIII se dispuso a esperarles en el Congosto. El encuentro se produjo el 18 de julio y duró todo el día. Al comienzo Alfonso dominaba, pero las reservas que tenía el khalifa se impusieron sobre los cristianos. Alfonso huyo a Toledo y el khalifa entró en Alarcos. Las pérdidas en los dos bandos fueron muy elevadas

Los almohades ocuparon los castillos de Gudalfuerza, Malagón, Benavente y Calatrava la Vieja. En el año 1196 actuaron los almohades por la zona de Extremadura, destruyendo Plasencia. El año siguiente no alcanzaron mayores éxitos.  

Batalla de las Navas de Tolosa

Conocía Alfonso VIII los preparativos que en 1210 realizaban los almohades para entrar en la Península, y se propuso organizar la colaboración de los reinos cristianos para hacer frente a los musulmanes.

Salieron  las fuerzas  africanas desde Marrakech el 6 de febrero de 1211 con una marcha tan lenta que, a pesar de los castigos crueles aplicados por el khalifa, hasta el mes de junio no llegaron a Sevilla. Muhammad, partiendo de Sevilla puso asedio al castillo de Salvatierra.

A pesar de apreciar la fuerza que tenían los almohades, Alfonso VIII decidió presentar batalla. Alfonso, que era la figura directora, estableció en  Toledo la concentración todos los que acudieron a la lucha: “cruzados extranjeros”, catalanes y aragoneses y castellanos.  El 20 de junio salieron de Toledo  El día 24 los cruzados asaltaron Malagón dando muerte a todos sus defensores. Calatrava se rindió a los castellanos, Alfonso VIII permitió a los defensores se retirasen junto con las familias. Esta benignidad defraudó a los cruzados y abandonaron la lucha regresando a sus países.

Las fuerzas cristianas conquistaron Alarcos, Caracuel, Benavente y Piedrabuena.         

Sancho VII llegó al frente de sus tropas navarras

Los almohades se encontraban en las Navas ocupando el paso de La Losa.

Los cristianos dominaban las alturas, pero sus posiciones eran desventajosas y no podrían forzar el paso hacia el Guadalquivir.

Un pastor mostró al rey el camino por donde, monte a través, se podía rodear las posiciones musulmanas colocarse al otro lado de la cordillera y a la espalda musulmana.

En la madrugada del día 16 los cristianos adoptaron su formación de combate: en el centro Alfonso VIII, Pedro II a su izquierda y Sancho VII a la derecha.

En el campo contrario, el khalifa ocupaba, en retaguardia, una tienda roja rodeada por su guardia negra, a cuyos miembros se había atado con cadenas para que no pudieran huir. El grueso de las tropas formaba una sola línea y la vanguardia ligera era de voluntarios de gran valor.

En la primera acometida, los cristianos arrollaron la vanguardia e hicieron una brecha en el grueso de las fuerzas enemigas. El khalifa lanzó sus reservas, Alfonso al frente de su retaguardia y al grito “vencer o morir” atacó abatiendo a los almohades, que emprendieron la fuga.

En una carta de Blanca de Castilla a la hermana de Sancho “el fuerte”, atribuye a éste la acción decisiva con el acto de valor de saltar por encima de las cadenas de la guardia negra. (No rompió las cadenas, sino que las rebasó) Se produjo la desbandada general con muy grandes pérdidas.

Esta derrota supuso para  el Islam un fuerte golpe.

Los cristianos irrumpieron en el alto del Guadalquivir, apoderándose de Ferral, Baños, Tolosa y Vilches. Baeza, abandonada por sus habitantes fue incendiada y Úbeda tomada al asalto

Declarada entre las fuerzas cristianas una epidemia de disentería obligó a la retirada.

A pesar de la derrota sufrida por los almohades aún seguían resistiendo.

El vencido en las Navas de Tolosa regresó al África y murió, quizá envenenado, en diciembre de 1213. Con su muerte se inicia el declive del Imperio almohade, quedando en manos de jeques y del visir Utham ben Yami.

Los cristianos reconquistaron Cáceres y Mallorca. Córdoba se rindió  el 29 de junio de 1236 y el 28 de septiembre de 1238 lo haría Valencia, incorporándose a la Corona de Aragón. Los castellanos ocuparon Murcia, asomándose al Mediterráneo.

La capital del Guadalquivir, Sevilla, estaba aislada y al alcance de los cristianos, que atacaron por tierra y por mar.

Quedó asediada en agosto de 1247 y conquistada en noviembre de 1248.

Fernando III es rey de Castilla, León, Galicia, Toledo, Jaén, Córdoba, Murcia y Sevilla.

Castilla es dueña de amplios territorios y el primer reino de Hispania. Fernando III se rodeó de consejeros, germen del futuro Consejo Real.

Los reinos cristianos y sobre todo el de Castilla y León se lanzaron a someter a los reinos musulmanes, los “taifas”, haciéndoles pagar cantidades elevadas en concepto de “parias”

Debe hacerse mención de la Escuela de Traductores de Toledo, más que Escuela es Centro que recopila los saberes clásicos poseídos por los árabes, donde trabajaron mozárabes, judíos y musulmanes. Se rescataron textos de Euclides, Tolomeo, Aristóteles, Avicena, Averroes y del Corán.

La Escuela de Toledo, fue puente para la transmisión cultural, hacia Europa, de los saberes acumulados por los árabes en Medicina, Geometría, Astronomía y Filosofía.

Sancho IV  rey de Castilla y León tenía como objetivo prioritario el dominio en el Estrecho de Gibraltar y clave del mismo era Tarifa. El cerco de Tarifa comenzó 24 de junio de 1292; los combates fueron encarnizados. Los musulmanes capitularon el 21 de septiembre. El mando de esta fortaleza se encomendó al noble leonés Alfonso Pérez de Guzmán, “Guzmán el Bueno”.

Benimerines procedentes de África pusieron sitio a Tarifa conminando a su defensor a la rendición  de la plaza, o de lo contrario el hijo seria apuñalado. Guzmán no se rindió y el hijo murió.

Ante la llegada de fuerzas castellanas los benimerines regresaron al África.

Los castellanos comenzaron a prepararse para ocupar Algeciras y así dominar el Estrecho, pero Sancho IV, que estaba enfermo murió en Toledo el 25 de abril de 1295. El plan no se pudo llevar a término.    

En 1339 fuerzas musulmanas cruzaron el Estrecho y desembarcaron en la Península, pero una flota conjunta, de castellanos y catalanes, les cortó la comunicación con su retaguardia, quedaron aislados, fueron derrotados y muerto su jefe.

Volvieron nuevamente con más fuerzas en la primavera de 1340 desembarcando en torno a Tarifa.

Aunque los benimerines contaban con más fuerzas los castellanos atacaron. Una patrulla consiguió penetrar en Tarifa transmitiendo la orden de que la guarnición atacara por la espalda a los musulmanes tan pronto se iniciara el ataque castellano.

La jornada concluyó con una completa victoria de Castilla y la última de las grandes batallas contra el Islam.

Se conoce esta batalla como la del Salado, por haberse dado en las márgenes del rio de este nombre

De cuánto hemos escrito se sigue que tras los fracasos de la Dinastía de los Omeyas y de los Imperios de Almorávides y Almohades la presencia musulmana la forman pequeños reinos “los reinos de taifas”, poco menos que vasallos y que se irían incorporando a los reinos cristianos.

En otras palabras, los musulmanes que habían dominado gran parte de la Península pierden tierras y los cristianos las ganan.

Aún habrían de transcurrir dos siglos para que Hispania deje de ser musulmana y sea compuesta por reinos cristianos. Durante este largo período de tiempo no se producen combates ni cambios, hasta la Campaña y Ocupación de Granada, que fue “tomada grano a grano”. 

Desde la llegada de los musulmanes a la Península hasta su expulsión transcurrieron ocho siglos, es decir, los tiempos de la Reconquista, que culmina con la formación del Reino de los Reyes Católicos, España.   

Lo anotado en este escrito lo he sacado del libro de Luis Suarez Fernández, catedrático,

Historia de España, Antigua y Media.

Figuras musulmanas que destacaron

De la presencia musulmana en Hispania las figuras más destacadas fueron:

Tariq que inició la presencia musulmana con la simple pretensión de hacer una incursión llevando un buen botín e incluso establecer un punto de apoyo en el Estrecho.

Musa ben Nusayr, animado por el éxito de Tariq, cruzó también el Estrecho y junto con Tariq emprendió una campaña de Conquista y asentamiento de un Estado musulmán independiente del Khalifa de Damasco.

Abd al-Rahman I desembarcó en Almuñécar en 755. Fue proclamado emir en 756. En Roncesvalles venció las fuerzas galas el año 778. A su muerte en 788 dejó la herencia a su hijo Hisham. Le suceden al-Hakam (796-822) y Abd al-Rahman II (822-852), que cubrieron medio siglo alcanzando la monarquía cordobesa gran solidez.

Muhammad I (852-886) sucedió su padre Abd al-Rahman II. Le sucedieron consecutivamente sus dos hijos al-Mundhir y Abd Allah. Asesinado murió al-Mundhir.

Abd al-Rahman III nació en 891 sucedió a su abuelo Abd Allah Se le llamó el “Pacificador”. Asumió el título de Khalifa e introdujo en Hispania el régimen khalifal.

Murió el año 961 y le sucedió su hijo. al-Hakam

Al-Hakam II dio al khalifato un equilibrio fecundo. Y se sentía soberano de toda la Península. Murió en octubre de 976. Daria comienzo la dictadura de Almanzor,

Hisham I, apartado por del khalifato por Almanzor

Almanzor nació en 940, se autoproclamó en nombre de Hisham I khalifa, lucho mucho y poco después de la batalla de Calatañazor murió en agosto de 1002

Abd al-Malik, hijo de Almanzor gobernando durante seis años, muriendo en 1008.

“Sanchuelo”, que se retiró a un monasterio cristiano donde le mataron en 1009

Muhammad, vencido por los castellanos y murió asesinado.

Hisham II, que por nombrar “hachib” a Wadish fue destituido.

Sulayman que se mantuvo durante tres años

Alí ben Hammud, que habiendo hecho prisionero a Sulayman se proclamó khalifa.

Del Imperio Almorávide, que comienza hacia 1086 y acaba cerca del 1150 destacan:

Yusuf que desembarcó con sus fuerzas en Algeciras el año 1089 y murió en 1107

Alí, hijo de Yusuf, puso su residencia en Granada e hizo de guerra santa su principal objetivo    

La desintegración del Imperio Almorávide dio paso a la llegada del Imperio Almohade.

Abu Yusuf, que tomó el sobrenombre de “al-Mansur”, (1184-1199), fue el tercer khalifa almohade y  en Alarcos alcanzó una victoria que marcaria el punto culminante del Imperio.

Muhammad, hijo de Abu Yusuf, que los castellanos llamarían “Miramamolin”, corrupción de “amir al-muminin”, que prefería a cualquier otro.

En la batalla de las Navas de Tolosa seria vencido.

La caída del Imperio Almohade daría paso a los “reinos de taifas”, vasallos de los reinos cristianos. El último de éstos sería el de Granada, que fue ocupado por los Reyes Católicos.

Las rebeliones de los musulmanes de Granada y de las Alpujarras forzaron a los Reyes para decretar “la conversión o la expulsión”