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Ad sidera Visus

Cómo la Iglesia construyó la civilización occidental. Esencialización.

Introducción

No debe olvidarse la importancia e influencia que tuvieron Grecia y Roma en la Civilización Occidental, pero tampoco desconocer la fundamental aportación de la Iglesia, durante la Edad Media, en campos tan variados como son: Universidades, Beneficencia, Ciencia, Arte, Derecho y Moral.

Renacimiento carolingio

Con la Invasión de los pueblos Bárbaros en el siglo V termina el Imperio Romano y da comienzo la Edad Media, denominada por algunos, “Tiempos oscuros”.

Ciertamente las invasiones produjeron un declive cultural e intelectual.

 

Los Bárbaros eran pueblos nómadas que desconocían la organización social, carecían de leyes, respetaban al que tenían por “Jefe”.

Recurrían a las “ordalías” para dictaminar las sentencias.    

De entre los pueblos Bárbaros destacaron los que se establecieron en la Galia, los Francos.

Clodoveo fue rey de los Francos y siendo rey se convirtió al Cristianismo.

Esta conversión la consideró de tanta importancia el obispo de la Galia que le dijo a Clodoveo:

“Gracias a Vos en este rincón del mundo brilla, con poderosa intensidad, una nueva  estrella que ilumina el Occidente”

Tras la victoria de Charles Martel sobre los musulmanes el año 732 tomó el poder en las Galias la dinastía Carolingia, la familia de los “carolingios”.

El más famoso de los francos fue Carlomagno, que impulsó las artes y la educación organizando escuelas junto a las catedrales.

La educación se basaba en el quedrivium y el trívium, es decir, astronomía, música, aritmética y geometría; lógica, gramática y retórica.

Innovación de este Renacimiento fue la escritura con la “minúscula carolingia”, escritura con mayúsculas y separación de palabras.

Con Alcuino se inició la transcripción de los manuscritos latinos de los clásicos.

A pesar de las invasiones de vikingos, magiares y musulmanes, el espíritu  del Renacimiento carolingio no se extinguió.

Presencia de los Monjes

Con la muerte de Carlomagno decayó el Imperio carolingio y los monjes cristianos mantuvieron el espíritu carolingio, impidiendo que la luz del conocimiento se apagase.

En esta labor destaca Gerberto de Aurillac, conocido como Silvestre II, al ser elegido Papa. Frase suya es: “La Divinidad concedió un gran don a los hombres al darles la fe sin negarles el conocimiento”.

San Benito de Nursia  fundó doce comunidades de monjes en Subiaco y el célebre monasterio de Montecassino. Compuso la famosa  Regla de San Benito.

La Orden Benedictina llegó a tener 37000 monasterios, que eran oasis de orden y paz.

Transformaron zonas improductivas en cultivables, drenaron tierras pantanosas, desbrozaron montes, plantaron viñedos (pioneros en la producción de vinos, el champan se debe un monje de la Abadía de San Pedro), introdujeron  cultivos y aplicaron métodos novedosos, como la energía hidráulica.  Criaron ganados y criaderos de salmón en Irlanda. Los Benedictinos fueron los agricultores de Europa.

Por la Regla, los benedictinos estaban obligados a dispensar hospitalidad  a peregrinos, a pobres y a viajeros extranjeros

Los monasterios eran posadas de seguro descanso y pan gratis.

La labor de los monjes más conocida es la copia de manuscritos, tanto sagrados como profanos.

El gran corpus de literatura latina que ha sobrevivido, fue conservado en las bibliotecas de los monasterios

Escuelas y Universidades

Los monjes no sólo crearon escuelas sino que se convirtieron en maestros y sentaron los cimientos de las Universidades

La Iglesia desarrolló el sistema universitario, ya que era la “única institución interesada en la conservación y el cultivo del saber”

Las universidades de Paris y de Bolonia se iniciaron como escuelas catedralicias y las de Oxford y Cambridge en reuniones informales de maestros y estudiantes.

La Universidad, en esa época, poseía un corpus textual obligatorio

Como el Pontífice, de facto, y el Emperador, en teoría, ejercían la autoridad en toda la Cristiandad las Universidades debían dirigirse a ellas para otorgar titulaciones.

El ius ubique docendi, grado de “maestro” facultaba para ejercer la enseñanza en cualquier lugar del mundo.

La Universidad resultaba beneficiosa para los comerciantes del lugar, pero, por la irresponsabilidad e indisciplina de los estudiantes, a los habitantes de las ciudades les contrariaba.         

La Universidad alcanzó su mayoría de edad, apareciendo en la historia como una corporación intelectual plenamente formada, destinada a la formación y desarrollo académico.

Las enseñanzas en la Universidad eran, además de las siete artes liberales, Derecho Civil y Canónico, Filosofía natural, Medicina, Teología y Ética.

Cuando se descubrió el Digesto, pieza clave del Corpus Juris Civilis, compendio de Derecho romano, florecieron los estudios legales.

“Escolasticismo” era el término asignado a la labor intelectual, realizada en las Universidades.

El término se refiere más al método seguido que al contenido.

El más destacado de los escolásticos, de todos los tiempos, es Santo Tomás de Aquino.

La creación de las Universidades, el compromiso con la razón, la argumentación racional y el espíritu de investigación, que caracterizan  la vida intelectual en la Edad Media, son “un regalo del Medievo latino al mundo moderno”.

Ciencia e Iglesia

La supuesta hostilidad de la Iglesia católica hacia la Ciencia se apoya en la versión unilateral sobre Galileo, que siguiendo a Nicolás Copérnico compartía el modelo “heliocéntrico”. La Iglesia no puso objeción al modelo copernicano.

Cuando Galileo propuso una reinterpretación de ciertos versículos de la Biblia, los teólogos pensaron que Galileo usurpaba la autoridad eclesiástica y llegó a ser declarado hereje.

La Iglesia católica lejos de obstaculizar el progreso de la Ciencia, lo fomentó...

El “animismo”, característico de las culturas antiguas, percibe una presencia inmanente de lo divino en todas las cosas.

Los escolásticos de la Edad Media llevaron a cabo una “despersonalización” de la naturaleza.

Aristóteles había concebido un universo eterno, mientras que la Iglesia enseñaba que “Dios creó el mundo, en un determinado momento, a partir de la nada”.

El obispo de Paris, en 1277, prohibió la enseñanza de 219 “proposiciones”, Proposiciones son afirmaciones derivadas de Aristóteles, como que los cuerpos celestes poseían almas, en cierto modo estaban vivos.    

Grandes hombres de ciencia han sido católicos, como Pasteur.

Muchos monjes y sacerdotes católicos desarrollaron amplia y destacada  labor científica.  Así tenemos a:

Grosseteste, que estableció los pasos necesarios para llevar a cabo un experimento científico

Nicolaus Steno, que formuló principios de la geología moderna.

Grimaldi, que descubrió la difracción de la luz. Las bandas de difracción eran debidas al movimiento ondulatorio

Roger Boscovich, erudito en astronomía, óptica y matemáticas. Por su solución de anillos ante las grietas de la cúpula de la Basílica, mereció fama de “clásico menor en estática arquitectónica

Por la aportación de los Jesuitas al avance de la Sismología, ha venido a ser calificada de “Ciencia jesuítica”

Cassini, junto con otros colegas jesuitas, demostró la teoría “kepleriana”, según la cual las órbitas celestes son elípticas

El padre Kircher descubrió el valor fonético de un jeroglífico

En el siglo XIX los jesuitas instalaron observatorios para el estudio de la Astronomía, el Geomagnetismo, la Meteorología, la Sismología y la Física solar.

La Iglesia católico-romana aportó más ayuda personal y financiera al estudio de la Astronomía, a lo largo de seis siglos, que ninguna otra institución     

Arte e Iglesia

La principal aportación de los católicos al Arte es la catedral medieval.

Catedrales góticas se levantaron en distintos lugares de Europa.

Los pensadores católicos encontraban una relación entre la geometría y Dios.

El Cosmos es una obra de arquitectura surgida de la mano de Dios     

Tal como el gran Geómetra creó el mundo, en orden y armonía, el arquitecto gótico, en su humilde manera, intentó levantar la morada terrenal de Dios, de acuerdo con los principios supremos de proporción y belleza.

Gracias a San Juan Damasceno y a sus seguidores, que rechazó la “Iconoclasia”, podemos contemplar las hermosas Madonnas de Rafael y la Piedad de Miguel Ángel. 

Una época histórica capaz de producir tan magníficas obras de arquitectura no puede ser tan oscura y yerma, como a menudo se ha calificado a la Edad Media

Los temas religiosos predominan en las obras de Arte, hasta que mecenazgos ajenos a la Iglesia dan entrada a otros temas, como los paisajes y los retratos.  

Orígenes del Derecho Internacional

Ante las crónicas que relataban crueles conductas de los españoles en América, el Rey Fernando convocó a un grupo de teólogos y juristas para proponer leyes a las que deberían atenerse los oficiales españoles en su relación con los indígenas. Así nacieron las Leyes de Burgos, de Valladolid y en 1542 las llamadas Nuevas Leyes, cuyo cumplimiento era  difícil controlar.

El padre Francisco de Vitoria tras sus estudios estableció las bases de la teoría  del Derecho Internacional. Defendió la doctrina de que todos los hombres son libres, libertad natural, con derecho a la vida, a la cultura y a la propiedad.

Vitoria tomó de santo Tomás dos importantes principios: La ley divina procede de la ley natural. Ninguna cosa natural puede serle arrebatada al hombre.

Así los indígenas del Nuevo Mundo, en virtud de su condición humana, eran iguales que los españoles en materia de derechos naturales.

Para Vitoria los pueblos del Nuevo Mundo debían permitir la predicación del Evangelio y su rechazo no justificaba la guerra      

La conversión de los paganos a la fe no debe realizarse con coerción, pues “creer es un acto de voluntad” y por tanto libre.

Teólogos definen el derecho natural como la única herencia de los seres humanos

Esta idea sirvió de “base para la teoría de la dignidad humana, que le separa del resto de los animales”

Detractores de la actuación de los españoles en América son Bartolomé de las Casas y Antonio Montesinos.

Juan Ginés de Sepúlveda, filósofo y teólogo, defendía el empleo de la fuerza contra los indígenas no por ser paganos, sino por sus bárbaras costumbres, como el canibalismo   

Iglesia y Economía

Los Escolásticos, desde la Edad Media, comprendieron y teorizaron sobre la libre economía al extremo de considerarlos “fundadores de la economía moderna”   

De la Escuela austriaca son ilustres economistas, como Jean Buridan, rector de la Universidad de Paris que aportó importantes novedades de la moderna teoría del dinero y escribió manuales sobre el dinero.

El dinero no surgió por decreto gubernamental sino por un proceso de intercambio voluntario, siendo un instrumento muy conveniente y útil.  

Oresme, discípulo de Buridan, comprendió los perniciosos efectos de la inflación.

La pérdida de valor de la unidad monetaria, decretada por el gobierno no produce ningún bien, interfiere el comercio, incrementa los precios y solo enriquece a los gobernantes a expensas de los ciudadanos.

El aumento de cualquier producto en el mercado provoca descenso de su precio

Pensadores católicos sostenían que el valor de las cosas no residía en factores objetivos, como costes de producción por las horas de trabajo requeridas, sino por la valoración subjetiva de los individuos.

Pierre Jean de Olivi postula y Bernardino de Siena defiende la teoría del valor subjetivo, basada en la utilidad subjetiva

La teoría del valor subjetivo nada tiene que ver con el antropocentrismo ni con el relativismo y es una refutación directa de la teoría “marxista” del valor del trabajo.

Para Aristóteles y santo Tomás de Aquino la actividad económica tenía su origen en el placer y en la felicidad, es decir subjetivos.

El Mundo y la Caridad

A Pacomio, soldado pagano, y a Voltaire, revolucionario francés, les causaba admiración el comportamiento caritativo de los cristianos.

La caridad antigua era casi siempre interesada y nada gratuita.

En torno al siglo IV la iglesia comenzó a patrocinar Hospitales   

En la Antigüedad la actitud hacia los enfermos e infortunados no era de compasión, sino de abandono. El alivio del sufrimiento humano corresponde al mundo cristiano 

La Iglesia católica introdujo la práctica de la caridad, tanto en espíritu como en su aplicación 

La Iglesia, el Mundo y el  Derecho Occidental

El Edicto de Milán,  313, emitido por el emperador Constantino ampliaba la tolerancia del cristianismo, pero no evitó los frecuentes  conflictos entre la Iglesia y el Estado.

La Reforma gregoriana, del Papa Gregorio, delimitó las fronteras que debían separar a la Iglesia y el Estado.

Poco después, comienzan a redactarse códigos legales, tanto en la Iglesia como en el Estado.

El derecho canónico, se convirtió en el modelo de los diversos sistemas jurídicos laicos. Con anterioridad no existía nada semejante en  Europa occidental.

El principal tratado de derecho canónico fue obra del monje Graciano y se tituló Decretum, que marcó un hito histórico, estableciendo una serie de criterios, basados en la razón y en la conciencia. Toda legítima costumbre debía responder a una ley política y natural, es decir, el ius naturale.

El derecho canónico contribuyó a que aspectos como el matrimonio, la herencia y la pobreza, fueran considerados en el Derecho occidental. Así como se introdujesen procedimientos judiciales de carácter racional en sustitución de las prácticas mágicas empleadas para probar la comisión de un delito.

El Derecho es una de las principales deudas de la Civilización Occidental con la Iglesia romana.

La Iglesia denunció la práctica del infanticidio, considerado moralmente aceptable por Grecia y Roma.

Platón había declarado que al hombre incapaz de trabajar, por enfermedad, debía dejársele morir.

Séneca escribió “Ahogamos a los niños que nacen anormales”

La Iglesia condenó el duelo, el suicidio y las luchas de “gladiadores”. Otra influencia de la Iglesia católica en la moral occidental la hallamos en la determinación de causas para la guerra justa.           

Santo Tomás de Aquino hace una exposición “sobre la guerra” en su obra Suma teológica

Escrito compuesto, por F. Javier Barandiarán Allende, recogiendo párrafos del libro de Thomas E Woods JR