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Octogésima adveniens

I.  Nuevos problemas sociales

La urbanización

El crecimiento industrial y el atractivo de los centros urbanos han provocado el éxodo rural y la concentración de proletarios en barriadas alrededor de las grandes poblaciones.

Esta concentración trastorna los modos de la vida familiar y de la vecindad. En medio de una muchedumbre anónima el hombre se siente como extraño.

 

Las condiciones de vida en estos suburbios con casa, en algunos casos son chabolas, de dimensiones reducidas y carentes de condiciones sanitarias dificultan la educación de los jóvenes y les inducen al latrocinio y al vicio. También las mujeres se ven en la necesidad  de trabajar como asistentas en otras casas, para compensar el insuficiente salario.

Para hacer frente a las situaciones en que viven los trabajadores, estos se agrupan en “Sindicatos”, que recurren al derecho de “huelga” para obtener lo que no se les concede.

Nuevo problema social surge, en medio de tanto trabajador, por las discriminaciones en razón de origen, cultura y raza.

La falta de “Puestos de trabajo” es otro de los nuevos problemas sociales, que de cuando en cuando se dan.

Novedoso problema social vienen a ser los tendenciosos medios de “Comunicación social”

Sea en campo político, ideológico, moral y cultural.

Los poderes públicos no pueden ignorar la gran influencia que tienen los medios de Comunicación en la información y el consiguiente comportamiento ciudadano

II. Aspiraciones  fundamentales y corrientes ideológicas.

Ventajas y límites  de los reconocimientos jurídicos.

Los derechos humanos permanecen todavía en algunos sitios, si no burlados, con una  observancia  puramente formal.

Más allá  de las reglas jurídicas hace falta un sentido más profundo de respeto y servicio al  prójimo. El amor del hombre, primer valor del orden terreno, asegura las condiciones de la paz, tanto nacional como internacional, al afirmar nuestra fraternidad universal.

La sociedad política.

El hombre, como ser social, construye su destino a través de una serie de agrupaciones particulares que requieren, para su perfeccionamiento y desarrollo, la sociedad política

No pertenece al Estado, ni a los partidos políticos el tratar de imponer una ideología, la dictadura de los espíritus. “La verdad no se impone más que por la fuerza de la verdad misma, que penetra el espíritu con tanta dulzura como potencia”.

Ideologías y la libertad humana.

El cristiano que quiera vivir su fe en una acción política no puede adherirse, sin contra decirse a sí mismo, a sistemas ideológicos que se oponen, radicalmente o en puntos sustanciales, a su fe y a su concepción del hombre. No es lícito favorecer la ideología marxista, a su materialismo ateo, a su dialéctica de la violencia, y a la manera como ella entiende la libertad individual dentro de la colectividad, negando al mismo tiempo toda trascendencia del hombre.

Tampoco apoya el cristianismo la ideología liberal, que cree exaltar la libertad individual sustrayéndola a toda limitación, estimulándola con la busca exclusiva del interés y del poder, considerando las solidaridades sociales como iniciativas individuales y no ya como fin y motivo primario del valor de la organización social

Evolución histórica del marxismo.

El marxismo se ha presentado hasta ahora como una ideología unitaria, explicativa de la totalidad del hombre y del mundo como ateo. Se dan diversos niveles de expresión del marxismo:

Para unos, el marxismo sigue siendo esencialmente una práctica activa de la lucha de clases, lucha que hay que proseguir y aún suscitar de manera permanente.

Para otros, el marxismo es en primer lugar el ejercicio colectivo de un poder político y económico bajo la dirección de un partido único, que se considera expresión y garantía del bien de todos, arrebatando a los individuos y a los demás grupos sociales toda posibilidad  de iniciativa y de elección. Finalmente el marxismo, en su mentalidad socialista, continúa basado en el materialismo histórico y en la negación de toda trascendencia.

La ideología liberal.

Hay una renovación de la ideología liberal en apoyo de la eficiencia económica, en la defensa del individuo contra el dominio de organizaciones y de poderes políticos totalitarios. Ciertamente hay que mantener y desarrollar la iniciativa personal. Pero no hay que olvidar que en su raíz el liberalismo filosófico es una afirmación errónea de la autonomía del individuo en su actividad, en sus motivaciones y en el ejercicio de su libertad. Hoy en día se nota un debilitamiento de las ideologías: socialismo burocrático, capitalismo tecnocrático, democracia autoritaria que manifiestan la dificultad de resolver el gran problema humano de vivir todos juntos en justicia e igualdad

Ante este desconcierto, recurren algunos a las llamadas “Utopías”, un mundo imaginario, en espera del cual se desentienden de las responsabilidades inmediatas.  

Los científicos y técnicos pueden crear en el mundo una ambición de progreso  ilimitado

en orden a su “cuantía” y despreocupado en el orden “cualitativo”.

La forma y la verdad de las relaciones humanas, el grado de participación y de responsabilidad, no son menos significativos e importantes para el porvenir de la sociedad que la cantidad y variedad de los bienes producidos y consumidos.

III. Los cristianos ante los nuevos problemas

Por una justicia mayor

Queda por instaurar una mayor justicia en la distribución de bienes, tanto en el interior de las comunidades nacionales como en el plano internacional

El uso de la fuerza suscita, por lo demás, la puesta en acción  de fuerzas contrarias, de ahí, el clima de lucha, que da lugar a situaciones extremas de violencia y abusos.

Se ha de tener la fortaleza fe ánimo necesaria para revisar las relaciones actuales entre las naciones, ya se trate de la distribución internacional de la producción, del comercio, del sistema monetario, sin olvidar las acciones de solidaridad humanitaria.

Significación de la acción política

La actividad económica, que es necesaria, puede si está al servicio del hombre, ser fuente de fraternidad, que da ocasión a intercambios comerciales, a reconocimientos de derechos, prestación de servicios y a la afirmación de la dignidad del trabajo. Frecuentemente es motivo de enfrentamientos, dando lugar a la intervención del poder político. Este poder, que constituye el vínculo natural y necesario para asegurar la cohesión del cuerpo social, debe tener como finalidad la realización del bien común. Respetando las legítimas libertades de los individuos, de las familias y de los grupos subsidiarios, sirve para crear eficazmente y en provecho de todos las condiciones requeridas para conseguir el bien auténtico y completo del hombre.

El poder político debe saber desligarse de intereses particulares para enfocar su responsabilidad hacia el bien de todos los hombres.

IV. Llamamiento a la acción.

Necesidad de comprometerse en la acción.

Que cada cual se examine para ver lo que ha hecho hasta aquí y lo que debe hacer todavía.

No basta recordar principios generales, manifestar propósitos, condenar injusticias graves; todo ello no tendrá peso real sino va acompañado en cada hombre por una toma de conciencia más viva de su propia responsabilidad y de una acción efectiva.

Escrito entresacado dela Encíclica“Octogésima adveniens” del Papa Pablo VI